Cambios en Los Pinos

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Julio 20, 2010

Raúl Colín*

Me confieso un ignorante de los rituales de la política, de los lenguajes cifrados que se usan y de las decisiones incongruentes en las altas esferas de esta actividad. La semana pasada, escuché a través de los medios de comunicación las noticias referentes a los cambios en el gabinete presidencial,  oí a Felipe Calderón, en la ceremonia del cambio de colaboradores  alabar a cada uno de los ahora ex funcionarios.  Casi puedo pensar,  que el buen desempeño fue la causa de su remoción. Por qué no se limitó en sus halagos. ¿Sí fueron tan eficaces, por qué los dejó ir?

Después me enteré que Gerardo Ruiz, en ese momento secretario de Economía, fue llamado  a regresar a México, encontrándose en medio de una gira por Europa,  teniendo que cancelar varias citas con empresarios alemanes. ¿No podía haber esperado el presidente Calderón, tres días a que desahogara su agenda? ¿Era tan urgente el cambio?  Es evidente que  no les importa a los funcionarios públicos, la imagen que damos al exterior, al cancelar súbitamente citas que se tenían agendadas desde meses atrás.

Se nombró como nuevo secretario de Economía a Bruno Ferrari, quien es Abogado, Licenciado en Derecho Canónico con estudios en Ciencias del Matrimonio y de la Familia; Doctorado en el Centro Académico Romano de la Santa Cruz.  Muy difícilmente los estudios del Lic. Ferrari, lo hacen ser el mejor candidato, para liderar una alicaída economía, que por cierto, en la gestión de Ruiz Mateos, fue a la baja, y con un alarmante decremento de la inversión extranjera.

Ojalá que haciendo honor a su apellido, acelere la economía, como auto de carreras,  y que gracias a sus estudios, logre un milagro y mejore la del país.

El nuevo secretario de Gobernación, José Francisco Blake Mora, es casi un desconocido, que en doce años,  paso de ser regidor de Tijuana a titular de Segob; Calderón,  lo definió como: “un operador político leal, práctico y eficaz”.  Situación que habría que revisar, si analizamos que en las elecciones pasadas en Baja California, donde era secretario de Gobierno, el PAN perdió la mayoría en el congreso y las cinco alcaldías.

Quizá, como en muchos otros casos, el mayor mérito del nuevo Secretario, es su amistad y cercanía con el Presidente, quien ha sido propenso a convertir la amistad en un requisito indispensable para otorgar un cargo en el servicio público.

La oficina de la presidencia, también cambió de titular, Patricia Flores su antigua jefa, fue removida y el propio Calderón, obviamente luego de felicitarla y mencionar todos sus logros, declaró: Que iniciará una “reorganización” a fondo.  También su vocero Maximiliano Cortáza,  quien lo acompañó durante muchos años, incluso desde antes de que fuese Presidente, “presentó su renuncia”.  ¿Qué hizo enojar tanto al Presidente, para deshacerse de dos de sus más cercanos colaboradores?  Quizá algún día  lo sabremos, por lo pronto, es un misterio.

Para continuar con las incongruencias, en los círculos políticos se menciona la posibilidad de que la destituida funcionaria de la oficina de la presidencia, sea próximamente la embajadora de México en Portugal, lo que representa una burla para los miembros del servicio diplomático de carrera, quienes tienen más méritos  y conocimientos que Flores.

Las embajadas siguen siendo usadas como premios -muy jugosos por cierto- de consolación, en detrimento de nuestra política exterior, cada vez más olvidada y mal atendida.

México tiene muchos hombres y mujeres con conocimientos, capacidad, honorabilidad, profesionalismo, valores, liderazgo y virtudes, para desempeñar cargos públicos, lo que inquieta, es que el Presidente no haga el menor esfuerzo en buscarlos y conformar un equipo de calidad, y por el contrario, se limite a elegir a “amigos” o personas que se dediquen a obedecer sus órdenes, esto lo ha demostrado en muchos nombramientos anteriores,  y vemos que la tendencia continúa.

Gobernar a ciegas, y basado en afectos y amistades por encima de la capacidad es un suicidio. Lamentablemente,  estas decisiones afectan a todos los mexicanos, quienes ávidos de soluciones inteligentes,  están muy lejos de llegar.

*Analista

¿Y la honestidad?

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Julio 13, 2010

Raúl Colín*

¿Por qué siendo tan fácil de comprender,  es tan difícil de practicar?

Queda siempre abierto el debate de la honestidad de los políticos mexicanos, es frecuente que cada día nos enteremos, quizá ya no con tanto asombro de las fortunas que amasan los funcionarios públicos en su paso por el poder.

A pesar de las declaraciones inverosímiles, mediante las cuales tratan de legitimar dichas fortunas, es evidente que el dinero que algunos poseen no es proveniente de su trabajo como funcionarios, sin embargo, cobijados por la impunidad, continúan en sus puestos.

Ejemplos existen en demasía, algunos datan de muchos años, quizá teniendo su clímax en la época de José López Portillo, con su fastuosa construcción denominada por la sabiduría popular como “La Colina del Perro”, y el “Partenón” del tristemente célebre Arturo “El Negro” Durazo, quienes hicieron de la corrupción toda un arte.

No podemos dejar de pensar en los profesores Elba Esther Gordillo y Carlos Hank González, cuando hablamos de enriquecimiento inexplicable, pues no se les conoce otra actividad más que la de maestros y funcionarios públicos,  trabajos en donde difícilmente se podría consolidar una riqueza como la que ella tiene y como la que él hizo.
 
Desde los más encumbrados políticos, hasta algunos presidentes de municipios pobres, sucumben ante la idea de hacerse ricos con el mínimo esfuerzo y garantizar la situación económica de sus futuras generaciones.

México es un país capaz de generar nuevos cientos de miles de ciudadanos pobres cada año y, en contraparte, lanzar a la opulencia a miles de funcionarios públicos en el mismo periodo.

A pesar de los pronunciamientos triunfalistas que se generaron en el sexenio de Vicente Fox, en el sentido de que la Secretaría de la Función Pública (la misma que quiso desaparecer el presidente Felipe Calderón) serviría para encarcelar a los funcionarios corruptos, los resultados han sido magros. Su titular en aquella época, Francisco Barrio, no  midió sus palabras cuando con entusiasmo indicó, “caerán muchos peces gordos”; sin embargo, al parecer, su red se averió pues ningún funcionario público de primer nivel fue acusado de ningún delito relacionado a la corrupción.

Vicente Fox llegó al poder, ilusionando a millones de Mexicanos, diciendo que terminaría con décadas de corrupción y malos manejos y no sólo no hizo nada, sino que al final en su sexenio se vio plagado de dudas respecto a la honestidad de sus familiares, ya que su esposa, Martha Sahagún y sus hijos, fueron acusados de tráfico de influencias, sin que hasta el momento exista un juicio serio para determinar su proceder.                                                                                                  
Recientemente ha comenzado a circular, un expediente de  Miguel Ángel Yunes, ex candidato a la gubernatura de Veracruz y ex director del ISSSTE, entre otros puestos, que muestra con lujo de detalle algunas de sus propiedades. Entre ellas, un departamento en el 1155 del Brickell Bay Drive en Miami.

Se desglosan también las propiedades de la familia Yunes Márquez en Alvarado, Boca del Río y el puerto de Veracruz.  El valor calculado, con todo y el departamento de Miami, es de 300 millones de pesos.

Pero las cosas no paran ahí. El expediente refiere también la participación de Yunes en Operadora de Servicios y Alimentos, y otras empresas; detalla una veintena de bienes a nombre de familiares: un yate, una lancha de lujo, coches, etcétera.

El documento ofrece fotografías de cada propiedad y un anexo con su declaración de modificación patrimonial 2010.

A esta situación se suma, la opacidad con la que la Presidencia de la República se ha conducido ante la petición de un ciudadano, de conocer las propiedades de la esposa del primer mandatario, Margarita Zavala.

No hay quien se salve, ya vimos que la “honestidad valiente” de Andrés Manuel López Obrador, terminó con las noticias de los onerosos gastos de su hijo, quien derrochó enormes cantidades de dinero en antros y en ropa en diversas ciudades del mundo.

Por otra parte, si pudiésemos acceder a la información que nos permitiera conocer las millonarias sumas que gastan el gobierno federal, los gobiernos estatales y municipios, en viáticos, viajes y algunas “reuniones estratégicas” seguramente palideceríamos y no daríamos crédito a lo que estamos viendo.

Sin duda, ser funcionario público en México, es la mejor forma de conocer el mundo como todo un VIP y además, generar tranquilidad económica para las futuras generaciones. ¡Y cuidado! Ya viene el “año de Hidalgo” y no precisamente… por el bicentenario.

*Analista

La guerra perdida

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Julio 6, 2010

En esta guerra de todos contra todos… las nociones de derecho e ilegalidad, justicia e injusticia, están fuera de lugar.  Donde no hay poder común, la ley no existe.   Donde no hay ley, no hay justicia.  En la guerra, la fuerza y el fraude son las dos virtudes cardinales.   Hoobes

Raúl Colín*

La guerra,  como tal, no sólo es una imagen como la que nos muestra una película de Hollywood, en donde existen enemigos visibles que, armados, vistiendo uniformes diferentes, pelean en un frente de batalla en pos de ganar un territorio. El conflicto terminará cuando uno de los dos capitule o sea derrotado tras cruenta batalla.

Lo que hoy sucede en México, muy a nuestro pesar, es una guerra. Una batalla en donde el Estado decidió luchar contra el narcotráfico y sus implicaciones, sin conocer a fondo al enemigo, subestimándolo y pensando que iba a acabar con él, usando la fuerza, mediante operativos policiacos y militares.

Quizá Felipe Calderón y su equipo de asesores, no previeron que esta lucha tendría un enemigo poco visible, porque no se entiende la proliferación del narcotráfico, sin la intervención y apoyo de personas que supuestamente están en el “bando de los buenos”. Es evidente que existe una complicidad entre autoridades y la delincuencia organizada.

Cada día nos enteramos de más y más violencia y aunque las autoridades de nuestro país han mencionado que la mayoría de las muertes.

Son “ajustes de cuentas” entre los propios cárteles, no podemos soslayar el hecho de que se han dado un gran número de bajas entre la población civil.

Esto se complica con los continuos atentados en contra de funcionarios públicos, hecho que llega al clímax, con la muerte del candidato del PRI a la gubernatura de Tamaulipas, situación equiparable en la historia reciente de México, a los asesinatos de Luis Donaldo Colosio y José Francisco Ruiz Massieu.

Es más que evidente la frustración que existe entre la población ante la creciente ola de inseguridad que afecta, además, el ámbito económico ya que a la par de la escalada de violencia, se pierde inversión extranjera y nuestro país empieza a ser poco atractivo para el turismo, generando con ello que nuestra ya menguada economía se vea más afectada y esto tenga implicaciones directas en el bolsillo de los mexicanos.

A pesar de que, el gobierno insista en matizar la realidad, el Estado Mexicano está librando una batalla en contra del narcotráfico, en la que se encuentra en una encrucijada: por una parte es imposible que admita que está perdiendo e intente una negociación y por la otra, no sabe como continuar enfrentando esta acometida, que seguramente generará más muertes, más violencia y pocos resultados.

México, en vísperas de los festejos del Bicentenario, se encuentra en una encrucijada histórica, en donde se requiere en primer término, que las fuerzas políticas se pongan de acuerdo y dejen de pensar de manera limitada y egoísta. Los partidos de oposición al PAN festejan cada yerro del gobierno federal, como si eso ayudase en algo a nuestro país, de igual manera, el PAN se alió a sus detractores solamente pensando en derrotar al PRI, dejando atrás valores y filosofía; el PRD tuvo que morderse los labios y ser un cófrade del gobierno al que durante meses tachó de espurio y mientras este pleito se desarrolla en las altas esferas del poder político, el crimen organizado se apodera del control. “A río revuelto, ganancia de pescadores” dirían por ahí.

No se vislumbra una solución a corto plazo, no se observa una estrategia que pueda garantizar que esta situación cambie en los próximos meses; lo que podemos hacer es apostar a una solución de largo tiempo, a través de potencializar la educación cívica, los valores y crear una nueva cultura entre los mexicanos, lo cual no sucederá si el gobierno no se compromete de verdad con la calidad educativa, lo que, también es difícil en extremo, mientras seamos rehenes de un sindicato magisterial corrupto, inepto, impreparado y sin consciencia.

Hoobes, en su libro Levitan, menciona sobre la guerra….“En una situación semejante no existe oportunidad para la industria… ni artes, ni letras, ni sociedad… existe continuo temor y peligro de muerte violenta, y la vida del hombre es solitaria, pobre, tosca, embrutecida y breve”  y continua “Cuando un hecho daña no sólo en el presente sino también, por ejemplo, en el futuro, constituye un delito mayor… es un delito fértil, y extiende y multiplica el daño”

El panorama luce complicado, se requiere de un golpe de timón, a fin de enfrentar con inteligencia esta lucha, en donde los ciudadanos, vamos perdiendo, como siempre.

*Analista

rcolinm@hotmail.com

Un regreso con sabor amargo

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Junio 22, 2010

Raúl Colín*

Qué pesado debe haber sido el regreso de Felipe Calderón a la ciudad de México, luego de la euforia, la festividad y el ambiente que vivió en Sudáfrica, al ser espectador de la inauguración del Mundial de Futbol, que estuvo pletórica de color y alegría.

Supongo que en las largas horas de viaje, cómodamente ubicado en el lujoso avión presidencial,  quizá degustando un buen tequila, el Presidente deseó que a su regreso a México, todo hubiese cambiado. ¡Lamentablemente no fue así!

Los últimos días han sido especialmente cruentos, quizás los más sangrientos en el sexenio de Calderón. Esto motivó que se encendieran las alarmas en los Pinos, y que sus asesores y encargados de comunicación juzgaran propicio que el mandatario dirigiera un mensaje en cadena nacional.

En este mensaje no hubo nada nuevo, simplemente se reforzó lo que en tantas ocasiones ha mencionado el Primer Mandatario: la guerra contra el crimen organizado continuará y con ello  una gran inversión económica, de tiempo y sobre todo, la aceptación de que esta batalla generará la irreparable pérdida de vidas humanas, de los integrantes de los cuerpos de seguridad.

Si bien es cierto que durante este sexenio se incrementó el combate al narcotráfico y que sus orígenes no son precisamente durante los mandatos panistas, también se puede señalar que en  la opinión pública no se percibe un avance en contra de la delincuencia, ya que por el contrario, cada acción generada por el Estado Mexicano, se ve inmediatamente contestada por un ataque del crimen organizado.

Son ya muchas las bajas que han enlutado los hogares de policías mexicanos, otras tantas, de las mal llamadas  “daños colaterales”, en donde fallecieron  estudiantes, amas de casa, profesionistas, padres de familia, quienes tuvieron la mala fortuna de estar en el lugar y la hora equivocada.

No sabemos cuánto tiempo durará esta batalla ni tampoco quién será el vencedor; lo que sí es claro es que, como país, continuamos perdiendo imagen y credibilidad hacia el exterior; ya que cada vez más nos comparan con las peores épocas de violencia que tuvo Colombia.  País que durante muchos años estuvo marcado por el estigma de una pésima imagen.

Uno de los grandes problemas de México, mismo que no se ha atacado, es la corrupción de los gobernantes y los cuerpos policiacos, quienes han controlado los negocios ilícitos desde el poder, generando así una verdadera mafia.

Si bien es loable el esfuerzo que hace el Primer Mandatario, no queda claro sí la estrategia es la correcta, ya que los resultados nos indican que no hay avances y que esta guerra no tiene un fin visible, ni en tiempo, ni en el número de muertos.

Habrá que trabajar en dos frentes: el primero es el combate a la delincuencia, empezando por los cuerpos policiacos, quienes en sus filas tienen incrustados a verdaderos delincuentes y, el segundo, generar una nueva cultura entre los jóvenes, basada en los valores y el respeto.

Esta batalla no se ganará sólo con balas y acciones policiales es necesario reorientar de manera urgente los esfuerzos en educación y generación de oportunidades.  Habrá que implementar un plan de largo plazo, como ya han hecho otros países del mundo, para generar una cultura cívica, renovada y dirigida a las nuevas generaciones.

No hay que inventar el hilo negro, bastará estudiar historias de éxito, como la de Palermo, en Italia, por señalar una, en donde en pocos años, un político capaz y comprometido, cambió totalmente la realidad de ese lugar, con un plan de largo plazo, acciones contundentes, pero sobre todo, con honestidad y valentía.

Leoluca Orlando, el alcalde de aquella ciudad mediterránea, ha expresado en repetidas ocasiones que se requiere de cultura y valores, así como del respeto a la legalidad, no sólo por parte de los ciudadanos, sino de la propia autoridad, cuestión que evidentemente no sucede en México.

Sí de verdad queremos combatir el crimen organizado, tendríamos que empezar por combatir la corrupción y la deshonestidad de políticos y cuerpos policiales. ¿Ya habrá pensado en esta estrategia el presidente Calderón?  Yo creo que no.

*Analista

El vuelo del Águila

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Junio 15, 2010

Raúl Colín*

Sonriente, con una bufanda teñida con los colores de nuestra bandera, se paseaba por la cancha del estadio Soccer City el presidente Felipe Calderón, previo  a la inauguración del mundial de fútbol en Sudáfrica.

El estadio se encontraba pletórico de aficionados mexicanos qué quizá no se percataron de la presencia del mandatario, lo que, de haber sucedido, seguramente habría ocasionado una sonora rechifla.

Los miles de viajeros mexicanos pagaron en promedio quince mil dólares por el agotador viaje, suma no fácil de reunir, en un país en crisis, con más de 50  millones de pobres.  En cambio nuestro Presidente, por un viaje que no reditúo nada a la nación, generó un gasto de millones de pesos, que bien pudieron haberse invertido en algo más productivo.

En medio de un país convulsionado por la lucha contra el narcotráfico, las ejecuciones,  la falta de productividad y generación de empleos, suena ridículo que por cumplir un capricho, Calderón hubiese realizado tan costoso viaje, sólo para presenciar este partido.

La Secretaria de Relaciones Exteriores, en voz de su titular, pretendió, sin éxito, engañar a la opinión pública al expresar a través de un boletín de prensa que el viaje tenía como propósito entrevistarse con el presidente sudafricano y entregar una condecoración a Nelson Mandela. El argumento resulta tan ingenuo que provoca risa.

La congruencia no ha sido precisamente una virtud entre nuestros gobernantes y  la presencia de Felipe Calderón en este evento deportivo resultó una bofetada a la inteligencia y al ánimo de los ciudadanos mexicanos.

Existe un gran número de temas relevantes no resueltos en nuestro país que permanecen en el limbo, mientras se realizan éste y otros muchos inútiles y onerosos gastos, que tienen más como propósito el vacacionar que el generar beneficios para México.

A principios de la semana, se inició un proyecto que pretende unificar positivamente a los mexicanos y que es loable, no obstante, se requiere más que una publicidad bien intencionada, para generar confianza entre los mexicanos, si bien, el proyecto de Iniciativa México, es positivo, no está enganchado con las acciones del gobierno, que genera actitudes contrarias a la motivación y al interés por cambiar el país, que en esta campaña se proponen.

Los anuncios del técnico nacional, Javier Aguirre, arengándonos a cambiar del “México del sí se puede, al México del ya se pudo” resultan poco creíbles, viniendo de la persona que hace apenas unos meses dijo en una entrevista a un diario español, que México era un país “jodido”. Cuestión, que por cierto, no está alejada de la realidad.

Como siempre, continuamos viviendo entre esfuerzos aislados de la iniciativa privada, y la incongruencia de nuestros gobernantes.  Bastaría analizar el monto de los gastos que se realizan por concepto de viajes, ferias, reuniones y juntas en el extranjero, por parte de gobiernos municipales, gobiernos estatales y el propio gobierno federal, que no aportan nada pero que suprimiéndolos generarían un increíble ahorro, que se podría utilizar para generar más infraestructura social.

El viaje de Calderón, yo lo cambiaría por la pavimentación de muchas calles, por el equipamiento de algunos hospitales, por la construcción de  campos deportivos.    Este periplo presidencial, demuestra que los ciudadanos comunes no estamos en su agenda y que lo que para ellos es prioritario, no es precisamente cumplir en los demás el lema de “vivir mejor”, que sólo aplica a una pequeña élite cercana al poder.

El águila levantó el vuelo, el avión presidencial recorrió medio  mundo para que de manera directa, nuestro Presidente fuese testigo presencial de un partido de futbol, a cargo de nuestros impuestos.  Javier Aguirre, nos da clase de civismo y nos pretende motivar, aún cuando él mismo no quiere vivir en México y lo tacha de un país condenado al fracaso. ¿Qué lectura nos dejan estos mensajes?  El mundo contradictorio  en pleno.

*Analista

Algunas incongruencias

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Junio 9, 2010

Raúl Colín*

Los seres humanos somos contradictorios, generalmente pensamos y  nos pronunciamos por alguna forma de ser y en el terreno de los hechos actuamos de diferente manera.

Tal parece que  no nos damos cuenta de estas acciones, cobijados por la falta de conciencia, misma que nos motiva a proceder de manera contraria a lo que expresamos con palabras, es decir, que actuamos  de forma  incongruente.

Citaré algunos ejemplos de las incongruencias que he observado desde hace unos días, mismas que me han llevado a realizar esta reflexión; sobre todo, pensando  cómo no cometer yo mismo este terrible error.

El señor Gregorio Sánchez,  ex  alcalde de Benito Juárez,  actualmente  preso, enfrenta un proceso legal en el que es acusado de graves delitos, hoy es motivo de mofa, burla y comentarios negativos de quienes en el pasado reciente lo enaltecían, apoyaban e impulsaban.  Un gran número de personas que hoy lo critican y rechazan,  hace sólo unas semanas se peleaban por tomarse una foto con él, o bien  por tenerlo como invitado en una fiesta o en un evento.

En este mismo sentido, la detención de Sánchez ha generado una impresionante cobertura mediática, que no sólo se circunscribe al ámbito nacional.  Su captura, argumentando nexos con el crimen organizado, y su  figura de candidato a la gubernatura, ha dado la vuelta al mundo, asociando una vez más a México y en especial a Cancún, con el escándalo, la violencia y la inseguridad.

Hay quien afirma que esto “no dañará la imagen de nuestro destino”  con una candidez que asusta.  Deberíamos de estar trabajando en una bien estructurada campaña de relaciones públicas y promoción para revertir esta imagen.

Asimismo, hace unos días, un grupo de empresarios que se reunieron con el candidato del PRI a la gubernatura de Quintana Roo, Roberto Borge, le solicitaron que se creara una nueva Secretaria de estado. Históricamente, los empresarios organizados, hemos luchado por que se reduzca la burocracia y se incremente la productividad, por lo que tal petición resulta sorprendente y sin sustento.  Cuando no hay mucho qué decir o aportar, es más valioso quedarse callado. 

En el Distrito Federal, un grupo de “maestros”  realizaron actos vandálicos, destruyendo una puerta en la Secretaria de Educación Pública, la cual data del Siglo XVII y es considerada parte del patrimonio cultural del país.  Observando las imágenes de la forma de actuar, de quienes tienen la responsabilidad de educar a los niños y jóvenes del país, caemos en cuenta por qué cada día estamos más rezagados en educación,  productividad y valores.

El secretario de Gobierno capitalino, se excusó diciendo que no intervino la policía (que permaneció expectante y observando cómo un grupo de vándalos infringían daños a la mencionada puerta) “porque no se lo solicitó al gobierno federal”.  Me resulta increíble esta declaración, (por no usar otro término) ya que la policía debe actuar inmediatamente cuando haya actos delictivos en flagrancia, sin necesidad de que exista una denuncia.

Para finalizar, el proyecto de dictamen sobre la tragedia  de la Guardería ABC emitido por Arturo Zaldívar, Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, es sin duda una incongruencia mayúscula, que podría ocasionar, de ser validada un precedente negativo histórico.

El ministro Arturo Zaldívar pretende, con argumentos confusos inculpar  de la tragedia directamente al entonces director del IMSS, Juan Molina Horcasitas y al gobernador en el momento de los hechos, Eduardo Bours, por no “supervisar a sus subordinados”.  Habrá que señalar, que en el  IMSS trabajan 411 mil 664 personas, por lo cual se torna imposible, que sean supervisadas o conocidas por el titular de la dependencia.

¿No hay en el municipio en donde sucedieron los hechos un responsable de protección civil? ¿No existe una persona encargada de revisar las instalaciones cuando se otorga una licencia de funcionamiento?

Bajo ese criterio, entonces todo lo que sucede en el país, será culpa del Presidente de la República por no supervisar todo y a todos.  De igual manera, podremos deducir, que sí este razonamiento prevalece, sí se accidenta un autobús en la carretera, se tendrá que culpar al dueño de la compañía, o bien, llevar a la cárcel al director de una aerolínea, porque un avión propiedad de su empresa, se estrelló.

*Analista

¿Tú le crees?…yo tampoco

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Junio 3, 2010

Raúl Colín*

Existen sentimientos encontrados en mí,  cuando alguien trata de engañarme: ira, sorpresa, incredulidad, frustración.  Sí el ardid es evidentemente burdo, me siento ofendido por la manera en cómo mi interlocutor me percibe, seguramente me considera  una persona muy tonta, capaz de creer todo.

Esta sensación la tuve cuando escuché al ahora ex Procurador de Justicia del Estado de México, cuando a través de una conferencia de prensa  dio por cerrado el caso de la pequeña Paulette, donde después de tantos errores y desencuentros, concluyó que su muerte se debió a un desafortunado accidente.  Sería ocioso repetir toda la serie de incongruencias, errores y desatinos cometidos en el transcurso de la investigación (sí es que así se le puede llamar a este enredo) mismos que son ampliamente conocidos por la opinión pública.

El error de la Procuraduría  a cargo del señor Bazbaz, simplemente se limpió con su renuncia, dejando una estela de dudas y sobre todo a varias personas con un daño moral irreparable.

Este es sólo un ejemplo de lo que sucede en la  procuración de justicia en México, de la terrible impunidad que nos aqueja y de la falta de garantías para los ciudadanos que no sólo tenemos que enfrentar a un hampa creciente sino también a autoridades torpes, ineficientes y además corruptas.

Mientras en nuestro país no se respete el estado de derecho y la ley esté a favor de quien más recursos tenga, poco podremos avanzar en productividad y en mejores condiciones de vida. La seguridad es un factor fundamental para el crecimiento económico de un país.

Ese mismo sentimiento de impotencia, recorre mi cuerpo, cuando escucho a un gran número de políticos, algunos en funciones y otros en plena campaña política, mintiendo abiertamente al  hacer promesas que saben que no pueden cumplir.

Candidatos a diputados que no conocen sus funciones y que prometen pavimentar calles, aspirantes a alcaldías que no tienen la menor idea de lo que es el desarrollo económico,  personas que piensan ser gobernadores y que terminan en la cárcel. Ese es nuestro triste panorama, esa es la realidad en la que vivimos. 

La falta de confianza ciudadana es evidente,  la calidad de vida de los mexicanos va en detrimento, no sólo en el aspecto económico, sino en el social y cultural, ya que la inseguridad ha hecho que cambiemos nuestros hábitos, y nuestra forma de vida.  Bastará preguntarles a los habitantes de varios Estados del país, si pueden salir de sus casas con confianza.

Esta triste situación, es el resultado de varios años de políticos ineficientes, carentes de visión de futuro y de honradez,  generando con sus acciones,  que el estado, con todo su poder,  no pueda con la “delincuencia organizada•” (¡evidentemente más y mejor organizada que nuestro gobierno!).

El que la delincuencia crezca, en la medida que la procuración de la justicia sea cada vez más ineficiente, es el resultado  de gobiernos que no han cumplido su trabajo, de gobiernos vendidos, carentes de conciencia,  a los que solamente les ha interesado su bienestar personal y el de su familia.

Muchos hombres han forjado grandes fortunas en su paso por la política,  y siguen tan campantes, derrochando lo que robaron, encubiertos por la más descarada impunidad del sistema.

Así como yo no le creo al señor Bazbaz, tampoco le creo a los políticos que en campaña nos mienten, insultando nuestra inteligencia, con solucione simplistas y discursos gastados.  Con promesas que no están en sus manos cumplir, y que sin embargo,  lo hacen de manera generosa.

La política, instrumento de desarrollo y de bienestar, se ha corrompido para servir a unos cuantos.  En este juego perverso, la procuración de justicia juega un papel muy importante, ya que en la mayoría de las veces, se usa para distraer la opinión pública, o simplemente castigar a los adversarios.

La mayoría de la gente celebra que se haya encarcelado a la hija del famoso cantante Alex Lora, si bien es cierto que infringió la ley y merece pagar por ello, algunos nos preguntamos: ¿por qué no han pisado la cárcel ninguno de los culpables del incendio en la guardería ABC de Sonora?, caso que el próximo sábado cumple un año; ¿en dónde están los agresores del futbolista Salvador Cabañas que continúan prófugos? y de los responsables del secuestro de Diego Fernández de Cevallos  del cual tampoco sabemos nada.  “Pan y circo para el pueblo”  como decía mi abuelita.

Yo no le creo al ex procurador, ni a los políticos que quieren engañarnos.  Ante ambos casos, siento una enorme frustración, porque  ellos creen, que podrán continuar aprovechándose con la ingenuidad e ignorancia del pueblo.

Por eso estamos como estamos.

*Analista

Las alianzas tramposas

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Mayo 25, 2010

“Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”.
Giuseppe Tomasi
 

Raúl Colín*
Existe una indudable crisis de identidad en los partidos políticos y en el sistema político mexicano que irremediablemente  afecta  el funcionamiento de nuestra sociedad. Es evidente que desde hace tiempo se perdió el rumbo, y que nadie ha tomado correctamente el timón, la brújula no funciona y eso se nota en la realidad del país.

Los partidos políticos, si verdaderamente quieren ser factor de progreso, deben refundarse y modernizar sus estructuras, filosofías y su forma de operar. Hoy resultan obsoletos.

México es otro y tal parece que aún no se han dado cuenta, aunque en el corto plazo el populismo, y el asistencialismo funcione para fines electorales, a la larga, están dejando al país al margen del progreso y la competitividad.

Las alianzas entre el PAN y el PRD,  son, por decir lo menos, una especie de promiscuidad política, que no parece incomodar a nadie, perdiéndose el espectro electoral, en donde ya no se identifica la diferencia entre la izquierda y la derecha. Ahora son lo mismo.

El PAN manifiesta una doble moral,  dura hacia afuera, con temas como el aborto, el uso del condón, las sociedades de convivencia, y muy laxa hacia dentro, en donde se permite la corrupción que tanto se atacó, y  no son raras las conductas deshonestas de sus jerarcas, que ellos han  tachado de inmorales en otros. 

La ausencia de sus ideólogos y pensadores que le dieron vida y prestigio, y que lo llevaron a obtener la Presidencia de la República, ahora  ha convertido al partido en una especie de beata que se baña con agua bendita los domingos y que entre semana se corrompe.  No es raro observar que sus activistas más valiosos, o han sido expulsados del partido, o voluntariamente se ha alejado de él. 

El PRD, es un hijo mal nacido del viejo PRI populista, que surgió de un rompimiento, de una falta de acuerdo al interior, en búsqueda del poder y que ahora pretende maquillarse de izquierdista, cuando ha sido un partido arribista  que sólo busca el poder por el poder, que mantiene también un doble discurso, en donde se enfrenta a la clase alta, pero tiene a sus dirigentes viviendo en la opulencia, solicitando, en cada campaña, apoyos del empresariado.   Asimismo,  dice ayudar a los más necesitados, pero sólo los usa para que sean carne de cañón en sus mítines y manifestaciones y para acudir a las urnas en elecciones.

Los partidos pequeños, “la chiquillada”, las rémoras, tienen un papel protagónico en esta actuación, son como prostitutas, que se venden al mejor postor y que dejan a un lado la moral y los principios filosóficos (si es que alguna vez los tuvieron) para ser comparsa del que mejor se ajuste a sus intereses, buscando recursos, cargos, poder y prebendas. Todo, menos el bienestar del país.

El PRI  se acerca a pasos agigantados a Los Pinos, ojalá que sus dirigentes se den cuenta qué esto sucede más por los errores de las otras fuerzas políticas, que por sus aciertos.

Aunque pretendan engañarse y engañarnos, es evidente la falta de confianza de la población hacia la clase política, muestra de ello, es el abstencionismo en aumento y los movimientos como el voto blanco.  La ciudadanía no participa en los procesos electorales porque lo perciben como una simulación, como algo inútil y sobre todo, porque no encuentran la solución a sus problemas.

Las viejas estructuras del poder siguen firmes, vigorosas, apuntaladas por el pragmatismo, la corrupción, el dominio y los intereses económicos. 

Nos preguntamos por qué otros países avanzan en tecnología, educación, desarrollo y calidad de vida, mientras nosotros continuamos en los añejos problemas de siempre.  Habrá que hablar menos y actuar más, dejar de ser ingenuos y exigir.  Participar, influir y ser verdaderos ciudadanos.

México no tiene futuro si continuamos permitiendo que nos mientan, si los políticos creen que los discursos resolverán los problemas, mientras los intereses de los partidos estén por encima del bien común. No avanzaremos en tanto gobierne el más popular y no el más apto.

El avance de un país no se logra repartiendo camisetas, despensas, promesas, fardos de láminas y dinero; tampoco se obtiene con eslogan de campaña, fotos o publicidad bien estructurada.  Para prosperar necesitamos equidad, respeto a las leyes, honestidad, oportunidades, un plan de largo plazo, que con liderazgo nos conduzca a mejores estadios de bienestar.

*Analista

¡Qué malos gobernantes!

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Mayo 18, 2010

Lo que hagas será insignificante, pero es muy importante que lo hagas.

Mahatma Gandhi

Raúl Colín*

No es raro escuchar en cualquier plática, quejas sobre la actuación de nuestros gobernantes, ya sean del orden federal, estatal o municipal.  Los descalificativos llueven, las  malas palabras afloran, el cansancio del ciudadano sale a flote.  No existe tampoco empacho es descalificar la actuación de diputados y senadores.  Son, parafraseando al ex presidente Salinas, “los villanos favoritos”.  Cualquier situación negativa en el país, sencillamente se las achacamos a ellos.
Si bien es verdad que muchos de los graves problemas que aquejan a nuestro país, se derivan de malas decisiones, corrupción o falta de capacidad de gobernantes, es también cierto, que los ciudadanos  somos coparticipes de los grandes males que aquejan a México.  Así que habría que añadir a estos calificativos ¡Qué malos gobernantes, qué malos ciudadanos!

Y no es que defienda a la clase política, al contrario, me queda claro que son responsables en gran medida del atraso en el que vive nuestro país, pero no puedo exonerar a los habitantes de México, que no ejercen su ciudadanía y que contribuyen con sus actos a que ésta,  que podría ser una gran nación, siga  navegando en la mediocridad.

Es muy importante que recapacitemos en la importancia de hacer la parte que nos corresponde, participando, actuando, siendo propositivos, y dejando de ser mudos espectadores.
México está fuera del contexto de competitividad mundial simplemente porque los ciudadanos lo hemos permitido, ya que nos convertimos en cómplices de quienes se creen dueños del país.

Desde los ciudadanos modestos,  que permiten que los partidos políticos  lucren con sus votos, hasta los que se dejan acarrear a los mítines, a cambio de promesas que no se cumplirán,  solamente por unos cuantos pesos y una  camiseta, así como los empresarios  poderosos, que en público alaban al  gobernante en turno, y en privado cuentan las componendas que hicieron  con él,  para ver favorecidos sus intereses; todos son igualmente culpables de esta práctica que nos mantiene hundidos.

¡No basta quejarse!,  hay que poner acción a las palabras y hacer algo por nuestra comunidad y por nuestro país, dejando atrás la comodidad y el egoísmo.  (¿Para qué me meto en broncas?, si yo estoy bien, solemos escuchar cuando pedimos la participación de alguien).

Estamos entrampados en el famoso precepto de “dejar hacer, dejar pasar”  que Adam Smith acuñó como un principio económico y que ahora es cotidiano.  No queremos mover un dedo, si no existe una amenaza en contra de nuestros intereses o un beneficio.  Como dirían los psicólogos, cambiamos sólo por dolor o por placer.  Rara vez por conciencia o  convicción.

Somos un pueblo acostumbrado a pedir, y a dar poco, a que nos resuelvan la vida, con la ley del mínimo esfuerzo, yo creo que también los políticos están cansados de atender peticiones insulsas de una ciudadanía apática.   Fardos de lámina, un terrenito, dinero para una boda o un bautizo,  medicinas,  un campito de futbol, y mil cosas más, se le piden a quien se ostente como autoridad, sin que en la mayoría de los casos, el ciudadano esté dispuesto a hacer nada.

Recuerdo, hace años, cómo en una apartada región de Cancún, vi volar por una ventana una bolsas de basura, que se esparció de inmediato por la calle, me asomé a esa casa, y vi un hombre, en su hamaca, que descansaba a las 11 de la mañana, le pregunté el porqué de su acción y sin mirarme me comentó “qué lo recoja el gobierno, es su obligación”; no omito decir que su casa estaba descuidada y sucia.  Metros adelante, una casita igualmente humilde, pero limpia y pintada, con plantas en rústicos botes de alimentos vacios, ofrecía otro panorama.  Sin duda la única diferencia entre una y otra, era la educación y la actitud de sus moradores.

En todas las escalas sucede lo mismo.  Muchos padres de familia se quejan de la violencia y la anarquía; sin embargo, permiten que sus hijos menores de edad conduzcan vehículos sin licencia y pasen  excelentes  fines de semana en antros,  donde se les permite ingerir bebidas alcohólicas, permitiendo que se viole la ley.

Nos quejamos de la corrupción del gobierno, misma que nosotros propiciamos, pues la famosa “mordida”  es un mal de dos partes, el que la pide y el que acepta darla.  Quisiéramos vivir en un país con orden y principios, pero no somos capaces de propiciarlos.

¡Hay que actuar!  Ya basta de sólo quejarnos, de sólo ser capaces de denunciar  en “pláticas de amigos”: en principio, no propiciemos la corrupción, denunciemos a las autoridades que la propician. No enseñemos a nuestros hijos a violar la ley, a través del ejemplo cotidiano de hacerlo. Queremos un país justo, pero nos estacionamos en doble fila, estorbando,  o en un lugar reservado para minusválidos, para no caminar más.  Nos metemos en la fila del cine, sin respetar a quien llegó antes que nosotros, o buscando un conocido. Como estos simples ejemplos, existen cientos de cómo todos los días, somos pésimos ciudadanos.

Vamos a comprometernos, y dejar de culpar a los demás. Cuando cambiemos… cuando seamos mejores ciudadanos, entonces sí, la clase política temblará, ante una sociedad participativa,  que sabrá exigir, mientras eso no ocurra,  nada cambiara.

*Analista

¡“Nomás tantito”!

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Mayo 11, 2010

Raúl Colín*
Caminando  por la otrora glamorosa Zona Rosa  de la Ciudad de México, observaba la decadencia de ese lugar donde antes había restaurantes y bares de lujo, hoy sólo existen letreros que ofrecen esos lugares en renta. Calles sucias, descuidadas y muy poca atención para un lugar que antes fuera emblemático de la capital.

Puestos  de sopes y quesadillas en cada esquina, sobre la calle de Londres, antros de poca monta por la calle de Amberes y, en general, un paisaje muy diferente al que se observaba en los años setentas, cuando el jet set capitalino se daba cita en esta área de la ciudad.

¿Por qué  nos hemos especializado en echar a perder todo?  Vino a mi mente la frase que en México escuchamos recurrentemente como excusa “Nomás tantito” y que llevada a la práctica frecuentemente nos ha convertido en un país aletargado y sin avance.

Cuando un funcionario público, decide corromperse “nomás tantito”  empiezan los problemas ¿Cuántas veces hemos escuchado como justificación, cuando nos piden una “dádiva” para acelerar un trámite u omitir un documento, “sí vieran como roba mi jefe, yo “nomás  tantito”? Con esta mentalidad nos damos cuenta de la situación que prevalece en nuestro entorno, y entendemos  por qué estamos cómo estamos.

Somos un pueblo que se la pasa justificando sus errores, sin entrarle a fondo para cambiar la forma de pensar, desde nuestras más altas autoridades, hasta el ciudadano común, estamos inmersos en la cultura de no admitir nuestras fallas.

Las crisis económicas en México, a decir de nuestros gobernantes, siempre son causadas por “factores externos” que se nos explican con cifras, datos y argumentos muy complicados.  Nunca nos han dicho que hubiesen sido por malos manejos, ineptitud o corrupción; aunque los ciudadanos lo sabemos.

La inseguridad que vivimos es culpa del narcotráfico (según las declaraciones oficiales) pero nosotros entendemos que es responsabilidad de las autoridades que lo han permitido y que además se han hecho millonarios siendo cómplices, quizá porque en el pasado, decidieron entrarle a este negocio “nomás tantito” y ahora, ya no saben cómo salirse de él.

En la mayoría de las ciudades de nuestro país, los planes de desarrollo urbano no se cumplen, se violan todos los reglamentos y se hace, con el ya famoso “cambio de uso de suelo”, un negocio altamente rentable, para las autoridades y para los empresarios corruptos que deciden violar las normas a favor de sus intereses.

Esto ha sucedido, seguramente, porque a alguien muy brillante se le ocurrió violar los reglamentos “nomás tantito” y luego ante la ambición no paró, heredando esta práctica hasta el presente, con las consecuencias y daños que están a la vista.

Y así hemos vivido los últimos años: engañando, siendo corruptos, mal gobernados,  mentirosos, tramposos, flojos, mal educados, cómplices, pero siempre pensando “nomás tantito”

México requiere de un cambio profundo de mentalidad, de visión, de liderazgo, en todos sentidos, ya qué sin excepción, quiénes habitamos este país, somos responsables en mayor o menor medida de lo que sucede.  Muchos por acción, otros tantos por omisión.

Tenemos que pensar y actuar de otra forma, más responsable, menos egoísta, recapacitar qué país queremos heredar a nuestros hijos. Debemos aceptar que estamos inmersos en una mediocridad que duele, ya que comparados con otros países que estaban hace años en una situación peor que la nuestra, hoy están avanzando, gracias, precisamente a su cambio de actitud y a las acciones emprendidas, bajo la tutela de gobiernos con una visión de futuro.

De no hacer nada, seguramente seguiremos observando en nuestro país, ciudades y lugares,  que poco a poco se vuelven decadentes y a un pueblo sin educación y sin herramientas para competir.

No concibo una situación así, México es un gran país, que desgraciadamente ha sido mal administrado y con una nula planeación.  Sin embargo,  sí nosotros quisiéramos, las cosas pueden cambiar.  Es una labor titánica, de equipo, difícil, pero que está en nuestras manos modificar.

Ojalá qué pensemos a la inversa y ya no hagamos las cosas mal, “nomás tantito” porque esa mentalidad, nos tiene hundidos.

*Analista

Histórico