Infraestructura

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Enero 31, 2012

Raúl Colín*

México es un país inmensamente rico, con una gran cantidad de recursos materiales pero,  desgraciadamente, históricamente muy mal administrado.

Contamos con una gran variedad de climas, una exuberante naturaleza, playas, bosques, ríos, lagos y fauna.  Lugares adecuados para siembra y para la crianza de ganado.  La naturaleza ha sido generosa con nosotros, desafortunadamente, esto lo han aprovechado solamente unos cuantos.

Existen varios factores para entender por qué, aun teniendo riquezas naturales que serían la envidia de cualquier país (incluso de los muy desarrollados como Suiza, por ejemplo), no logramos consolidarnos como una nación con mejores condiciones de vida.

Uno de tantos factores es la  falta de infraestructura. No es posible pensar en un país desarrollado careciendo de carreteras, puentes, aeropuertos, hospitales y espacios culturales, para el esparcimiento y el deporte.

Quizá uno de los elementos que ha contribuido de manera decidida a que no contemos con la infraestructura necesaria, es la galopante corrupción que hay en nuestro país en donde las pocas obras que se hacen son de ínfima calidad y al triple del precio real.

Sin carreteras modernas, sin caminos de acceso a poblados y sin comunicaciones adecuadas, es difícil poder acceder a mejores estadios de productividad.

Hace unos cuantos días, la Secretaria de Turismo Federal, Gloria Guevara, concedió una entrevista al periódico el País, de España, con motivo de su visita a la Feria de FITUR, que año con año,  se desarrolla en tierras ibéricas.

Uno de los objetivos planteados por la secretaria, es que México pase del décimo, al quinto lugar en la clasificación mundial de destinos  turísticos de la OMS; sin embargo, reconoce, que para lograr este objetivo, hacen falta más aeropuertos.

La visión de Gloria Guevara es excelente, México puede ser una potencia turística; sin embargo, se ha quedado corta, pues no solo faltan aeropuertos, sino infraestructura en todos los sentidos que apoyen a esta aspiración de crecimiento. Países como España, que atraen a millones de turistas, cuentan con todas las facilidades para la movilidad, con seguridad, eficacia y tranquilidad.

Transitar por las carreteras de México es una verdadera aventura, por experiencia puedo señalar que simplemente viajar de la ciudad de México a Cancún, representa una odisea, ya que en algunos tramos, (sobre todo en el  estado de Veracruz) están llenos de baches, sin señales y con una enorme carencia de gasolineras en buen estado (con baños, tiendas y comodidades que son necesarias para el turista). A esto sumemos que los peajes son altísimos en comparación a la calidad de las carreteras.

Pensar en atraer más turismo es una excelente idea, pero se necesitan más que buenos deseos, pues mientras tengamos comunicaciones de tercer mundo, seremos poco atractivos para que nos visiten de otros países.

A este factor, habría que añadirle la percepción de inseguridad que priva en nuestro país, pues aunque mucho se ha hecho énfasis en que la violencia está focalizada en ciertas zonas, el turista simplemente no quiere arriesgarse y busca otros destinos con mejor imagen.

Las rutas aéreas son un desastre, es ilógico qué un vuelo Cancún – Oaxaca sea más costoso que un viaje Cancún – Madrid, lo que  limita que los turistas europeos viajen al interior del país.  Las líneas que se habían promocionado como de bajo costo,  dejaron de serlo al desaparecer Mexicana de Aviación, quien dejó un enorme hueco en los destinos turísticos y que ayudó a que  subieran las tarifas indiscriminadamente.

Necesitamos dar un salto cualitativo, para dejar de ser vistos como un destino pintoresco y rupestre. Se requiere de manera urgente creación de mayor infraestructura.

Si el gobierno no puede hacerlo -por su propensión a una pésima administración y a la corrupción- es importante que se permita que los empresarios inviertan en infraestructura de todo tipo, que fluya el capital privado y que esto potencie nuestras fortalezas naturales. Si no contamos con una base sólida, a pesar de los planes, las buenas intenciones y la promoción, poco avanzaremos.

México puede y debe ser una potencia turística, un país que reciba el triple de visitantes, porque tenemos una enorme variedad que ofrecer, además de nuestra gastronomía y cultura, y por supuesto, la calidez de nuestra gente.

El turismo es sin duda, una fuente de riqueza y generación de empleos, que no solo se sustentará con planes, es necesario para crecer, que se invierta. ¡Qué se invierta mucho y bien!

Ojalá, más allá de los discursos y de los buenos propósitos, se sumen esfuerzos entre el sector  privado y el gubernamental,  y que además las próximas elecciones y el cambio de gobierno, no incidan en las políticas públicas relacionadas con el turismo.

*Analista

Aprendizaje

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Enero 24, 2012

Raúl Colín*

Cometer errores no siempre es negativo, cuando estos sirven como base para lograr un aprendizaje. Lo verdaderamente malo es que  no aprendamos de ellos y no logremos obtener una experiencia de esas situaciones erróneas.

En México, a lo largo de mucho tiempo, hemos observado como decisiones equivocadas del gobierno,  nos llevaron a sucesivas crisis económicas y sociales.   No podemos olvidar situaciones como el famoso error de diciembre, que en pocas horas sepulto el sueno de un país que se decía iba a administrar la abundancia y que termino endeudado a tope y con la economía de millones de familias seriamente afectada.

También estamos acostumbrados a que de manera recurrente, los errores de los gobernantes en turno nos afecten sin que tengamos memoria para reclamar, por el contrario, tal parece que nos gusta que nos traten mal y que no nos permitan avanzar. La corrupción, la impunidad y la falta de honestidad en la mayoría de los gobernantes son evidentes, pero esto,  parece no importarle a nadie.

Poco hemos aprendido los ciudadanos de la fuerza que tenemos, seguramente nos sentimos dominados y pensamos que los gobernantes son entes intocables, a los que no podemos pedir cuentas.  No hay nada más erróneo, pues ellos están en el poder para tomar decisiones para el bien de todos, y su trabajo es, precisamente atender a la población, a la cual le pidieron su voto.

Hay que aprender de los errores, y esto implica generar conciencia y observar detenidamente que hemos hecho mal. La casi nula participación de la ciudadanía en la toma de decisiones, la apatía y la falta de trabajo en equipo, han sido factores que han permitido que los malos gobernantes aprovechen la situación y piensen en el beneficio de grupos pequeños y no d e la colectividad.

Hay que pensar de una manera distinta, en donde sepamos aquilatar a quien esta haciendo las cosas bien, y a quienes simplemente se dedican a obtener beneficios personales.

Es evidente para la población, que gobernante esta trabajando y generando beneficios para su comunidad, y quien solamente ha llegado al cargo para obtener metas personales.

Las acciones contundentes dejan huella, las otras, las de oropel, solamente se quedan en una foto o en una declaración, pero sin la mayor consistencia.

Nos estamos llenando de políticos mediáticos, que no tienen  más soporte que un excelente equipo de comunicación, que magnifica lo que hacen, y se dedica a minimizar los errores. Políticos de plástico, que únicamente se sienten confortables en escenarios controlados y que fuera de ellos no saben como reaccionar.

Los ciudadanos, golpeados por sucesivas crisis económicas, debemos tomar este aprendizaje, y ya no regalar nuestro voto y apoyo, a quienes sistemáticamente nos han fallado.  No podemos permitir que solamente nos vean como un mal necesario, a quien recurren solamente en época electoral.

Necesitamos políticos cercanos, que cumplan sus promesas, que no eviten atender a la gente, que sean confiables, honestos y que entiendan el valor de su palabra, pues muchas veces no son capaces de respetar acuerdos, ni de escuchar.

Las elecciones próximas, serán un buen termómetro, para saber como esta nuestra participación ciudadana, ya que ha sido lamentable la cantidad de votantes en las elecciones mas recientes, dejándonos ver el poco interés que tiene la población en la política.

No podemos actuar como avestruces, es importante la participación decidida, organizada y consiente de la comunidad, para rechazar e manera tajante a quienes disfrazados de políticos, no son otra cosa mas que personas negativas para la sociedad.

Aprendamos de los errores. Dejemos de ser una sociedad sumisa y poco participativa, para convertirnos en verdaderos ciudadanos, siendo protagonistas del cambio y no meros espectadores pasivos.

México nos llama a una verdadera revolución de la conciencia, en donde unamos esfuerzos para trabajar en equipo y rechazar de manera tajante, a quien quiera usar la política simplemente para buscar poder y beneficios económicos.

Equivocarse no es tan malo, lo verdaderamente lamentable es la insistencia a continua por el mismo camino, es tiempo ya, de despertar, de actuar y tomar el control.

México esta urgido de políticos hábiles, honestos y con valores, apoyemos a los pocos que cumplen con  estas característica y digamos un rotundo ¡no! a quienes simplemente quieren obtener mejores condiciones de vida para ellos y su equipo e trabajo.

*Analista

Sorpresas

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Enero 17, 2012

Raúl Colín*

El reciente anuncio de qué la señora Isabel Miranda de Wallace será la candidata del PAN al Gobierno del DF, levantó ámpula y no es para menos.  Muy sorprendidos, resultaron, los precandidatos de este partido, que ya daban por hecho su participación, y que después de una orden de “muy arriba” se quedaron como novias de pueblo. Finalmente esta decisión del PAN refleja desesperación y seguramente muchas personas  están sorprendidas.

La labor heroica de la señora Wallace es  ampliamente conocida. Una mujer que  dejó la comodidad de su hogar, un ama de casa, como muchos millones de mujeres, que abandonó el anonimato, y se lanzó a la búsqueda de quienes habían secuestrado y asesinado vilmente a su hijo. No tuvo sólo que vivir una espantosa historia de terror sino que enfrentó una lucha contra las autoridades corruptas e incompetentes qué jamás pudieron dar con los culpables.

Ella, de una forma por demás valiente y con sus propios recursos, luchó, investigó, siguió, descubrió y cercó a los delincuentes, logrando con ello lo que todo el aparato de gobierno fue incapaz de hacer: identificar y detener a los culpables del crimen.

Esta heroica labor, dio una enorme fuerza a la señora Wallace ya que millones de mexicanos la vimos como un ejemplo de valor,  determinación  y carácter.  Una mujer capaz de realizar acciones concretas.   A pesar de poner en peligro su vida, logró lo que se había propuesto durante  varios años y lo que no fue nunca fácil, puso tras las rejas a los delincuentes que habían ultimado a su hijo.

De la lucha ciudadana ha pasado ahora a formar parte de la política.  De su brillante actuación del lado de la sociedad, ha decidido sumarse a las causa de un partido y esto le ha valido un gran número de críticas.   A lo largo de estos años, entendió que el sistema judicial y de justicia de México  están mal manejados y llenos de corrupción e ineficacia.

La señora Wallace es un claro ejemplo de cómo un ciudadano participativo, con visión de dar solución a los problemas, pasa a un bando civil,  a una arena política, con los riesgos que esto representa.

No es lo mismo ver al gobierno desde fuera, que  ya como parte de él.  Muy pronto sabrá ella las penurias que se pasan en esta encomienda ante la falta de presupuesto, de transparencia y de trabajo de un gran número de burócratas.

Ojalá que la imagen limpia que ella se forjó a través de muchos años, no se vea afectada por esta decisión que sin duda debió de ser difícil de tomar.

Me queda claro que en la vida hay que tomar decisiones y que quizá esta no sea la mejor, pues, tal vez, sucumbió ante el canto de las sirenas y  aceptó esta encomienda, sin pensar las consecuencias. De ganar la jefatura de gobierno del DF, se encontraría ante innumerables problemas que quizá, ante su falta de conocimiento podrían agravarse.

No dudo de la honestidad de esta mujer que puso en evidencia a nuestras autoridades; sin embargo,  se ha planteado un reto muy complicado que tal vez le represente más problemas que beneficios ya que las críticas han comenzado y creo yo, tiene más que perder que ganar.

Lo que queda claro es que hay cada vez más una intención de la ciudadanía a participar y no necesariamente será a través de competir por cargos de elección popular sino haciendo la parte que nos corresponde.

En pocos meses,  sabremos el desenlace de esta historia, y si la señora Wallace logra ser Jefa de Gobierno o si, por el contrario, continúa luchando desde espacios de la sociedad civil.

Sea lo que sea, su actuación determinación y coraje, serán siempre una inspiración para una sociedad ávida de resultados.

*Analista

Política contra grilla

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Enero 11, 2012

Raúl Colín*

La política es una actividad orientada en forma ideológica a la toma de decisiones de un grupo para alcanzar ciertos objetivos, es el ejercicio del poder para resolver problemas y orientar a una comunidad a mejores condiciones de vida, la política es el vehículo para logar el bien común y el bienestar de todo un pueblo.

Con el paso del tiempo, esta actividad se ha ido degradando de tal modo que algunas personas la han convertido en lo que coloquialmente se denomina “grilla”, término usado en referencia a las personas que mucho hablan, hacen ruido,  y no logran nada. Solamente confunden, confabulan y no construyen.

Existen muy pocos políticos; estos son los que escuchan, consensuan y dan un lugar a todas las formas de pensamiento.  En contraparte, existen muchos “grillos”, estos últimos, quieren alcanzar el poder con base en lisonjas, artimañas, golpes bajos, guerra sucia y ataques. No les importa lo que tengan que hacer con tal de alcanzar sus metas personales.

La política está ligada a la ética y a los valores, la grilla es destructiva y basada en el egoísmo.

Enfrentamos una época difícil, llena de retos, que puede ser el parteaguas que nos indique el destino de nuestro país, por ello, es sumamente importante saber quién es un político  y quién un grillo.

Es tiempo de construir, de buscar caminos diferentes que nos lleven a consolidar una sociedad más justa, equitativa y con oportunidades para todos y, para ello, es necesario contar con la participación de políticos que estén dispuestos a enfrentar los retos con inteligencia, conocimiento y una visión del bien común.

Ya tenemos numerosas experiencias de quienes una vez alcanzadas sus metas de obtener un cargo público, han usado éste, solamente, para enriquecerse, endeudar a su comunidad y generar más problemas que soluciones.

No podemos ser un pueblo sin memoria, no debemos soslayar lo que ha ocurrido años atrás, es tiempo de dar la espalda a los grillos,  y,  apoyar a los poco políticos que nos quedan, para que conjuntamente con la fuerza ciudadana, podamos alcanzar mejores condiciones de vida y desarrollo.

En este año inminentemente electoral, escucharemos los mismos discursos de siempre, las promesas que ya nos han hecho repetidamente, veremos a candidatos sonrientes, receptivos, amables, cercanos a la gente, muchos de los cuales, una vez en el poder, son inaccesibles, ególatras y poco propensos a la crítica y a escuchar.

No podemos permitir que se sigan gestando gobiernos con un poder absoluto, intolerantes, poco receptivos, omnipotentes. Requerimos gobiernos cercanos a la gente y conocedores de su problemática.

Es necesario retomar el camino de la ética, los valores, y el amor y no precisamente el que pregona el eterno candidato de la izquierda Andrés Manuel López Obrador, quién creo no sabe el significado de esta palabra y solo la usa por recomendación de sus asesores.

No podemos permitir que se sigan gestando gobiernos autoritarios, sin rumbo, sin metas, sin ideales y llenos de escándalos, fraudes, corrupción y malos manejos; porque finalmente nosotros, los ciudadanos y nuestros hijos, seremos los que pagaremos los errores de otros, al tener ciudades endeudadas, con nula obra pública y sin servicios adecuados.

Los ciudadanos debemos participar, aportar ideas y trabajo, y sobre todo, no ser proclives al halago fácil y a la búsqueda de favores personales.  Tenemos que pensar en el bien de la comunidad,  antes que en el propio.

La única manera de ganar la batalla a la corrupción, a la impunidad y a la incapacidad de gobernar bien, es cerrándole el espacio a los “grillos”, y fomentando la participación de verdaderos políticos que sepan administrar de manera eficiente, con gobiernos plurales, conformados por los mejores hombres y mujeres y no por amigos, familiares y “compromisos de partidos políticos”

Este año nos depara muchas sorpresas, no hay nada escrito, no existe la seguridad de quién ocupará los cargos importantes que moverán al país y al estado.  Es nuestra responsabilidad y también obligación, apoyar a quienes de verdad tengan la visión de un mejor futuro, el conocimiento y la preparación para lograrlo.

La política ya no debe ser vista como un negocio, o un “ya la hicimos, o un ya me toca”, tampoco, como el medio para que algunos grupos consoliden poder político y económico inconmensurable, sino como el camino para el progreso, las oportunidades  y la felicidad, así como la prosperidad de toda una población.

La respuesta está en nuestras manos.  En nuestra inteligencia y capacidad.            ¿Queremos gobernando a grillos, mesías, iluminados, mentirosos y ególatras?  O personas  con capacidad, visión liderazgo y honestidad.

El resultado es nuestra responsabilidad, hay que participar y no dejar que otros decidan nuestro futuro. Insisto, es tiempo de los ciudadanos

*Analista

La hora de la verdad

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Enero 3, 2012

Raúl Colín*

Estamos a unos cuantos meses de la elección presidencial que marcará el rumbo del país. La incógnita será cómo reaccionará la población votante: ¿Se le dará continuidad al proyecto panista? ¿Se brindará una nueva oportunidad al PRI? O  ¿simplemente se elegirá una tercera vía, que podría ser el PRD? A pesar de las encuestas y de que los partidos políticos se dicen convencidos del triunfo, la verdad es que no hay nada seguro para nadie.

Este año electoral estará marcado por las pugnas, la guerra sucia, las noticias escandalosas y las estrategias que permitan lograr la debacle de los adversarios. Lastimosamente, se privilegiará buscar el error que enaltecer los proyectos.

Por lo que hemos visto hasta ahora, están aún guardados  los grandes anuncios y los planes que nos permitan ser mejores.  Tanto los candidatos del PRI y del PRD, como los precandidatos del PAN, han sido muy parcos en sus planteamientos, no se han comprometido y solamente han recurrido a frases comunes que todos conocemos: crecimiento, combate a la pobreza, menor inseguridad, etc.

El diagnóstico es muy claro: México es un país que está sumido en una enorme corrupción e impunidad. Sucesivos gobiernos de diferentes partidos a lo largo y ancho de nuestra geografía se han enriquecido ilícitamente al amparo del poder. No existen evidencias de que las contralorías funcionen ya que miles de políticos (gobernadores, presidentes municipales, diputados, síndicos, regidores, senadores, secretarios de Estado, etc.) han dejado sus cargos con abultadas cuentas en sus chequeras, derivadas de sus negocios y de la afectación que hacen al patrimonio de la sociedad.

La gran mayoría de los problemas de México, si no es que todos, nacen de nuestra corrupción: aquí casi todo es posible si se tiene dinero o amigos en puestos clave.  Es por ello que cada día nos enteramos de nuevos fraudes que no tienen castigo. 

La educación está por los suelos, porque se le ha permitido a su eterna líder, Elba Esther Gordillo, seguir medrando con su poder a cambio de votos.  Mientras ella continúe mandando en el sindicato de maestros, estaremos condenados a ser un país con una pésima calidad educativa.

El crecimiento estará acotado en la medida que el gobierno siga defendiendo los monopolios y no incentive la productividad, la investigación y las oportunidades a los jóvenes emprendedores.  No podemos aspirar a mejorar nuestra economía, mientras se permita que los grandes corporativos no paguen impuestos y que por otro lado se consienta la venta de productos ilegales y se de oportunidad para que el comercio informal siga proliferando.

Nuestros sistemas de salud, continuarán siendo deficientes, mientras sean un negocio para el político que lo encabece.  Recordemos que los presupuestos millonarios para compra de equipos, medicinas o la construcción de hospitales, son jugosos negocios para los amigos o allegados de los funcionarios que deciden quiénes se llevan tal o cuál licitación.

La inseguridad que tanto nos ha golpeado es sin duda producto de un sistema de justicia que se vende al mejor postor: no hay nada más desesperante que buscar el apoyo de las autoridades en este país, ya que el simple hecho de levantar un acta por robo, se convierte en todo un vía crucis para el afectado.

Aunado a esto tenemos legisladores que no logran asumir su responsabilidad y que se sumergen en el glamour y la vida fácil, olvidándose de las leyes que hay que cambiar  para bien de la comunidad, como son: la laboral, la fiscal y otras tantas que hasta el día de hoy permanecen en cajones llenos de polvo y telarañas, esperando ser analizadas y modificadas. En tanto, nuestro país continúa perdiendo oportunidades.

No será fácil, para el nuevo Presidente, enderezar el rumbo: deberá haber un verdadero golpe de timón, un cambio de rumbo, una visión renovada.

Quizá lo único que tendría que hacer (y  es aquí en dónde quizá yo confunda la realidad con un sueño o con un milagro) es buscar abatir la corrupción, la impunidad y el que,  el poder,  se concentre en unos cuantos.

Habrá que elegir. Habrá que votar. Pero también que participar, exigir, y por supuesto, hacer nuestra parte como ciudadanos, ya que nosotros también tenemos una buena parte de culpa.

México sería otro, si sencillamente respetáramos la  ley, si nuestros gobernantes fuesen honestos, si no generamos tantos políticos ricos y a la vez tantos mexicanos pobres.

Aunque nos duela, México es un país corrupto, acostumbrado a la simulación, a no ver lo que no nos conviene. 

Necesitamos despertar y entender que sólo nosotros podemos cambiar la situación.  Quizá si  nos unimos, podamos lograrlo.

*Analista

Yerros, gazapos y resbalones

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Diciembre 27, 2011

Raúl Colín*

Las últimas semanas han estado repletas de errores de los principales protagonistas de la vida política, mismos que han  logrado que se llenen horas y horas en espacios informativos electrónicos y escritos, detallando estos deslices, derivando obviamente, en un alud de opiniones, ataques, burlas y comentarios que han puesto en la palestra estos hechos.

Todo inició con la desafortunada intervención de Enrique Peña Nieto en la Feria Internacional del  Libro en Guadalajara, seguida de la respuesta de su hija Paulina, quien dio inicio otra vez a la lucha de clases con su ya famosa “prole”, refiriéndose  despectivamente a las personas que osaron criticar a su padre.  La andanada de erratas de Peña Nieto no paró ahí: su nulo conocimiento sobre el salario mínimo y el precio de los productos básicos, alejaron más a este candidato de las masas que espera él voten por su proyecto.  Al dislate de Peña, le siguieron los de sus oponentes:

Ernesto Cordero, ex secretario de Hacienda, quien compite en la interna del Partido Acción Nacional, dijo en una entrevista radiofónica que uno de sus libros favoritos era “La Isla de la Pasión” de Isabel Restrepo en lugar de Laura Restrepo.

Acto seguido, Andrés Manuel López Obrador, candidato de la  izquierda mexicana, mencionó que el boleto del metro de la ciudad de México costaba  “dos pesos”, cuando en realidad su precio es de tres.  De igual manera, su expresión de “República amorosa” ha generado toda clase críticas, comentarios y burlas.

La idea de que el poder político de la sociedad debe estar en manos de “los más sabios, justos y bien preparados” para ejercerlo, es tan vieja como el nacimiento mismo del Estado, y de ella se han ocupado algunos de los pensadores más reconocidos por la humanidad en el terreno de la filosofía y de la teoría del Estado.

El debate es muy amplio, las opiniones diversas y de todo tipo, y aquí es dónde, mi ego no me permite quedar ajeno a la participación y opinar sobre este asunto, que para muchos no es más que anecdótico.

No sé si estos errores tendrán relevancia en la votación del próximo julio, en donde los mexicanos elegiremos a un nuevo  Presidente. Desconozco también, a quien afectarán más estas imprecisiones; sin embargo, en mi muy particular opinión, continuamos enajenados ante el alud de opiniones mediáticas, y nos alejamos cada vez más de lo esencial y lo que nos debería de importar, que es simplemente nuestro proyecto de nación. 

Para mí, la pregunta, no es si los candidatos que se han equivocado son aptos para gobernar, sino más bien, que claridad tienen en la resolución de nuestros problemas. Hay preguntas más complejas, de las que sólo mencionaré algunos ejemplos:

¿Cómo vamos a encarar como país una reforma educativa, mientras Elba Esther Gordillo continúe liderando el Sindicato de Maestros?

¿Cómo podremos avanzar en productividad y transparencia mientras tengamos gobiernos llenos de corrupción e ineficiencia?

¿Es posible controlar la violencia, si están coludidas las corporaciones policiacas?

¿Cómo podremos generar que se den las reformas estructurales que el país necesita mientras los legisladores atiendan más a intereses partidistas que al bien común?

¿Cómo sensibilizar a un político sobre la realidad económica que vive la nación si éste está rodeado de un sistema de seguridad que no enfrenta problemas económicos y que se comporta más como Rey que como gobernante?

¿Por qué siendo un país tan rico en recursos naturales tenemos un país lleno de pobres y sin oportunidades?

¿Hasta cuándo dejaremos de ser un país que genera miles de políticos millonarios cada tres y seis años?

Estas son algunas de las respuestas que me gustaría escuchar de los candidatos, y no si conocen a un autor en específico, el precio del bolillo,  o si saben restar y sumar.  Lo lamentable es que parece que no tienen conocimiento de ni una ni otra cosa.

Hasta ahora, ningún partido o candidato, se ha pronunciado de manera clara sobre las soluciones a los problemas que aquejan al país, y más bien, se han adueñado de frases de cliché, que no comprometen ni dan confianza: “mejoraremos el país, lucharemos por ser más productivos, eliminaremos la violencia”, son algunas de las promesas recurrentes, sin mencionar cómo lo harán.

Y mientras tanto, la masa crítica, los votantes, los ciudadanos que si sabemos cuánto cuesta el  boleto del metro, el precio de la tortilla, cuánto ha incrementado la gasolina y que conocemos a personas cercanas víctimas de la violencia, que contamos con familiares o amigos desempleados, no escuchamos propuestas claras,  concretas, precisas, que nos estimulen a pensar que podemos tener un rumbo definido, un mejor país. No me queda la menor dudad, es el tiempo de los ciudadanos.

*Analista

Recuento final

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Diciembre 20, 2011

Raúl Colín*

Estamos a unos días de que finalice el año. La época navideña nos hace alejarnos un tanto de nuestro ritmo habitual de vida para dar paso a otras actividades: fiestas, compras, visitas de familiares y quizá hasta espacio para olvidar rencillas y otorgar perdones postergados.

Para muchos, este mes es diferente, pues es tiempo de frenar un poco y dejar los proyectos para el próximo año. Un buen número de personas ya no está concentrado en la productividad, sino en otros menesteres más terrenales, como las posadas, los regalos y el uso del aguinaldo.

Sin embargo, es un buen mes para reflexionar y realizar un corte de caja, para saber si logramos nuestras metas, si vamos en el camino correcto, y más aún, para identificar las áreas de oportunidad que nos harán mejores personas.

Mucho nos quejamos de lo que acontece en nuestro país, que no es cosa leve: inseguridad, corrupción, poca productividad y oportunidades limitadas. Pero no podemos aspirar a ser un país de primer mundo, mientras nos empeñemos en ser ciudadanos de tercer nivel.

México vive una efervescencia política que se da cada seis años, ante el inminente relevo del Ejecutivo. Estaremos próximos a ver más y más descalificaciones y campañas en donde se resalte el lado negativo y los yerros de cada candidato. Hay que tener cuidado, no necesitamos eso. Lo que requerimos son propuestas objetivas, planes y un rumbo definido. Acciones, no basura. Realidades no marketing. Soluciones, no promesas.

Habrá entonces que analizar minuciosamente que ha hecho cada uno de nosotros para engrandecer la patria. ¿Somos más responsables que el año anterior? ¿Hicimos nuestro trabajo con calidad? ¿Somos honestos, cumplidos,  responsables? ¿Honramos nuestra palabra, trabajamos en equipo, cooperamos con los demás?

Continúa vigente la idea en nuestro pueblo de la existencia de los tlatoanis, de seres míticos que con su sola presencia resolverán los problemas de la nación y nos llevarán a estadios de progreso y paz insospechados, lástima que esto no sea así, y que la renovación de nuestra sociedad dependa de las acciones individuales de cada uno de nosotros.

México quedó dividido, lastimado, regresando a épocas que ya parecían superadas.  Nos confrontamos innecesariamente. El renacimiento de nuestro país, desgraciadamente, no depende de que personaje gane la Presidencia de la República, sino de la suma de esfuerzos de cada uno de nosotros, cuestión que se ve complicada ante la polarización de que hemos sido objeto gracias a campañas políticas sumamente negativas.

Los países que históricamente se han superado (sin inventar el hilo negro, quizá solamente habrá que  leer un poco)  lo han hecho con base en la unidad nacional, liderazgos sólidos, planes perfectamente estructurados y mucho trabajo. Muchísimo trabajo.

Desgraciadamente no somos un pueblo culturalmente educado para trabajar en equipo, lejos de eso, no gustamos de apoyar a los triunfadores, a quienes al contrario atacamos,  y preferimos simpatizar y apoyar al más débil, al que como decimos coloquialmente “está más amolado”.

Actualmente, un gran número de personas que apoyan a tal o cuál candidato, lo hacen más por conveniencia personal que por un ideario político o de nación (aunque deberá haber sus honrosas excepciones). Con las conocidas frases… – - “es que si gana fulanito ya la hicimos porque es compadre de un amigo” –  “si es Presidente menganito, ya nos toca la nuestra, porque es cuate de mi tío.  Y así, numerosas frases similares que nos hacen ver nuestra idiosincrasia.

En fin, cada uno de nosotros es responsable de sus actos, de sus decisiones y de lo que elige pensar. Simplemente, creo que estas fechas, (supuestamente consagradas a la reflexión), a la búsqueda del amor, y  del perdón, deberían de ser un marco de encuentro interior, para definir que podemos hacer para recuperar nuestro país y dejar a nuestras futuras generaciones un mejor proyecto de nación.

En mi muy particular punto de vista, no existen los héroes, los iluminados, o los representantes de Dios. Creo que quién tenga la responsabilidad a partir del próximo año de dirigir los destinos de nuestra nación deberá hacerlo con responsabilidad, con valores y con los pies en la tierra, recordando  que la política no es un negocio, ni la forma adecuada para generar nuevos millonarios, sino el vehículo para fomentar una mejor sociedad, un país más próspero y una ciudadanía más feliz.

Lejos de los festejos, de los abrazos, de las luces multicolores, de los brindis y los buenos propósitos, no olvidemos que habitamos un país inmensamente rico que, por culpa de todos, alberga 40 millones de pobres, con deficiencia alimentaria, millones de jóvenes y niños con un rezago educativo enorme y con pésimas calificaciones en relación a la productividad y a la transparencia. México no cambiará si no lo hacemos cada uno de nosotros de manera responsable con valores, con amor y sobre todo con consciencia. Tú tienes la decisión.

*Analista

Futuro incierto

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Diciembre 13, 2011

Raúl Colín*

Si algo he aprendido en mis 10 décadas de vida es que no hay nada seguro. La vida  no es estática, cambia, se ordena, se mueve. En un segundo todo se modifica, puedes pasar de la euforia a la tristeza total o viceversa. Lo único seguro, es el momento presente.  El que estamos viviendo.  El pasado es historia y el futuro sólo un sueño.

Por eso, me causa mucha sorpresa que en el ámbito político, los militantes de los tres partidos políticos en contienda por la Presidencia de la República, den por descontado el triunfo, aún cuando faltan largos meses para las elecciones.  No hay nada seguro, todo, absolutamente todo, puede pasar.

Podríamos decir que la mejor manera de generar el futuro es construyéndolo con las acciones del presente.  Si siembras odio o amor, eso es lo que se cosechará más tarde.

México necesita de manera urgente acciones que nos permitan mejorar y salir del marasmo en el que nos encontramos, mezcla de muchos factores, que confluyen nuestro momento actual.  No creo que sea culpa de un partido político o de un gobierno en especial, es la suma de miles de errores cometidos por muchos actores políticos y sociales desde décadas atrás.

La corrupción es una constante en nuestro entorno, las omisiones, el influyentismo, la apatía, los gobiernos que no tienen visión del bien común, una sociedad falta de memoria y de acción; somos en conjunto, un país de pocas aspiraciones.

Es lamentable la falta de propuestas y de planes  lo que no nos permite visualizar un futuro halagüeño.  Hasta ahora todo gira en torno a desacreditaciones, ofensas y frases ingeniosas para demeritar al oponente, pero existe un vacío de propuestas concretas, de planteamientos inteligentes sobre el rumbo que deberá seguir nuestro país.

Los números no mienten, estamos muy mal en educación, competitividad, seguridad  y  transparencia, por lo que  a los ojos del mundo, somos un país inculto, poco apto para la inversión, inseguro y corrupto. Ni más ni menos. Y aunque  a más de uno no le guste, no podemos soslayar la realidad.

Leemos medio libro por persona al año,  bajamos dos lugares en competitividad en relación al año pasado, el crimen organizado ha sentado sus reales en varios estados y además, también disminuimos nuestra calificación en las mediciones de transparencia  internacional.

A esto debemos sumar que la información es manipulada, lo que aunado a nuestra poca capacidad de análisis, nos deja indefensos ante la avalancha de noticias que van guiando nuestro raciocinio.

Mucho se ha hablado de los miles de muertos durante el período del presidente Calderón en su lucha contra el narcotráfico, lo que ha derivado incluso en demandas en su contra en la corte internacional de La Haya.  Lo que poca gente sabe es que en este mismo período, más del doble de muertes se han provocado por accidentes relacionado con el alcohol.

Es más peligroso que cada año se gradúen de universidades públicas y privadas miles de jóvenes mal preparados y con muy escasas oportunidades de desarrollo, ante la poca generación de empleos, derivada de una ley laboral obsoleta, añeja y comodina, que privilegia la corrupción, el corporativismo vetusto, que sigue dando vida a los sindicatos, que tienen como única función real, la generación de votos para el partido que logre ofrecerles más privilegios.

Me parece que los mexicanos demandamos acciones. Ya no queremos más propuestas, promesas y discursos, que cada época electoral se repiten.  Es cierto que también debemos cambiar como ciudadanos, pues poco hacemos para modificar el entorno, conformándonos con el egoísmo que nos ha caracterizado, pensando que si estamos medianamente bien, no importa lo que suceda a nuestro alrededor.

No habrá un país nuevo, porque gane uno u otro candidato, no existe una figura mesiánica que con solo asumir el poder pueda transformar nuestra mentalidad y la cultura que durante años hemos cargado a cuestas. No hay fórmulas mágicas, ni candidatos súper héroes, iluminados o que sean extensión de Dios en la tierra. Nadie puede cambiar el rumbo del país si no existe una suma de esfuerzos y una visión común, comandada por un liderazgo innovador y motivador.

Más que preocuparse por el futuro incierto, debemos de trabajar en el momento presente, con tesón, valores, congruencia y guiados por la conciencia.

Desconozco quién ganará las próximas elecciones, no me creo adivino, como muchos hoy lo pretenden ser.  Prefiero preocuparme por el aquí y el ahora, por hacer lo mejor posible la parte que me corresponde, por ser mejor persona, sabiendo que quien diga que con su sola presencia cambiará el rumbo de la historia, está mintiendo o ignora la realidad.  Ambas cosas,  son muy peligrosas.

*Analista

Derribar muros

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Noviembre 29, 2011

Raúl Colín*

Toda actividad humana que se precie de ser digna, está llena de obstáculos, de momentos difíciles, de sinsabores.  No es fácil conducirse por el camino recto, ya que éste se encuentra lleno de dificultades y vicisitudes, de senderos cuesta arriba. Sin embargo, es un lugar digno de ser transitado.

Quién de verdad pretenda trascender, tendrá que tener claro que hay que derribar los muros que le impidan el paso hacia la meta. 

Los primeros muros que hay que derribar son los que nosotros mismos nos ponemos en nuestra mente y que nos impiden llegar a la conciencia plena.  Estas barreras son todas las ideas que nos frenan y que nos limitan. Muchas veces, durante nuestra existencia, antes de intentarlo, simplemente decimos: “no puedo” y, cuando nuestra mente crea esta idea, realmente no  podemos.

México vive momentos difíciles ya que existe una creciente violencia y una pérdida de valores que ha dañado a nuestra sociedad. En muchos sectores de la sociedad permea un desánimo que es alentado por los diferentes partidos políticos, que lejos de generar esperanza, acentúan el  miedo y la confrontación generando más desunión.

Los ciudadanos y la clase política, tiene que trascender a otro nivel de consciencia y empezar a derribar muros.  No podremos avanzar como país, si no existe una visión conjunta del bien común.

Cada quién busca su beneficio, olvidándose de la colectividad, generando un enorme egoísmo, y una desintegración que es evidente en nuestra vida cotidiana.

Ya no es hora de buscar culpables, o hurgar en los errores, necesitamos pensar en las soluciones y en encontrar a la gente con consciencia y valores que puedan generar los liderazgos que el país necesita.

La clase política y la sociedad entera están en deuda con el país pues nos hemos olvidado del trabajo en equipo, en los valores y la conciencia.

Derribar muros implica poner acción los pensamientos, dejar de quejarse y participar más activamente, no dejar las soluciones en manos de otros. Significa ser parte del remedio y no del problema.  Es hacer las cosas sencillas, extraordinariamente bien.

Derribar muros es dejar de criticar todo, es trascender del grupo de personas que está en contra de todo y a favor de nada; es dejar de ser irresponsable y ser capaz de autosupervisarse; de no necesitar que nadie te diga qué tienes que hacer; es asumir nuestras propias e intransferibles responsabilidades.

La primera gran responsabilidad de todos nosotros es modificar nuestras ideas negativas que se convierten en  malas acciones, sólo así, seremos capaces de modificar el rumbo del país.

Hay que derribar muros para ya no pensar que las cosas pueden cambiar sin que nosotros lo hagamos.  Para que dejemos de concebir que mágicamente las cosas se puedan solucionar sin nuestra participación activa.

Somos integrantes de un gran país que tiene todos los elementos para ser una gran potencia y que desgraciadamente navega en la mediocridad por culpa de una sociedad dormida y poco participativa  y continuos gobiernos corruptos, inconscientes y egoístas.

Millones de mexicanos trabajamos honradamente cada día, con entusiasmo, valores y convicción de ser mejores, lo que genera una esperanza de que las cosas sí pueden cambiar para dejar de estar a merced de una minoría nefasta, corrupta y carente de valores.

Si de verdad deseamos otro modelo de país, dejemos de pensar en fórmulas mágicas, en mesías o en que todo cambiará si llega al poder tal o cual persona. El rumbo de México, el cambio que necesitamos, no está en manos de un partido político, de una persona o de un pequeño grupo, está en la suma de acciones de cada uno de nosotros, derrumbando muros de manera cotidiana y constante.

La mercadotecnia política que habrá de desarrollarse de manera intensa en los próximos meses, en vísperas de las elecciones presidenciales del 2012, nos tratará de hacer pensar que la solución a nuestros problemas radica en la llegada a la Presidencia de algún candidato. A mi juicio esto está muy alejado de la realidad pues los cambios profundos, sólidos, radicales que requerimos, empiezan en lo más profundo de cada uno de nosotros, en el renacer de nuestra consciencia y el retorno a los valores.

A lo largo de nuestra historia hemos demostrado que somos capaces de hacer grandes cosas, pero, también, de que somos propensos a sucumbir ante las cosas fáciles y al beneficio de pequeños grupos.

Estamos ante una muy importante oportunidad de cambiar, de iniciar una nueva etapa en nuestro país, de impulsar una revolución de la conciencia, que nos lleve a ser mejores personas, mejores ciudadanos para lograr ser un país con una visión del bien común.

Derribemos pues, los muros que no nos permiten ver hacia un futuro promisorio, basado en nuestras acciones de hoy; pensemos positivamente para que nuestras acciones estén llenas de entusiasmo y esperanza, de valores, vigor y acciones.

México está llamado a ser un gran país, protagonista en el ámbito mundial, tenemos enormes riquezas culturales, naturales, que solamente falta apuntalar con nuestros valores morales y una conciencia que nos conduzca hacia el logro de nuestros objetivos.

*Analista

El regreso del Peje

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Noviembre 23, 2011

Raúl Colín*

Luego del anuncio de la declinación de Marcelo Ebrard, en sus aspiraciones presidenciales a favor de Andrés Manuel López Obrador, el famoso Peje, se dio a la tarea de  incrementar su  campaña mediática (no olvidemos que los últimos cinco años se ha dedicado a recorrer el país para continuar posesionando su imagen).

Así que accedió a ofrecer una entrevista a Joaquín López-Dóriga en horario triple A de Televisa, luego de varios años de diferencias entre la televisora y el eterno candidato.

El Peje inició la entrevista con un monólogo, en donde nuevamente culpó a la televisora de un ataque a su persona y del evidente impulso que ésta le da al precandidato del PRI, Enrique Peña.

Luego ofreció comenzar nuevamente una nueva relación entre la empresa de comunicación y él y comentó no ser un hombre proclive a la venganza, al  odio,  y al  encono, por lo que para sellar sus palabras conciliadoras, ofreció su mano al comunicador, como señal de buena voluntad, para iniciar una  etapa de reconciliación entre ambos.

Sin duda, sus asesores, le indicaron la necesidad de cambiar el discurso que tenía anteriormente, y presentarse como un nuevo ser, con otra visión, con nuevas ideas, incluso usando palabras que antes no tenían cabida en su vocabulario, ya que hizo alusión al amor y los valores.

Fue evidente que el lenguaje corporal del Peje no concordaba con sus palabras,  ya que mientras hablaba de reconciliación, su rostro se mostraba tenso y adusto,  lo que hizo que se reflejara su oratoria más como una repetición mecánica de un guión bien diseñado por  sus asesores, a un discurso honesto y sincero.

Es evidente su resentimiento hacia el actual gobierno, a que no ha dejado de llamar espurio y tildarlo de mafia, aún cuando los grupos y partidos que lo apoyan se han comportado reiteradamente como entes alejados de la legalidad, la honestidad y la transparencia.

Algunos, quizá, se habrán ido con la finta, pero quien analizó minuciosamente el mensaje, se pudo haber dado cuenta de que el político tabasqueño, está realizando otra de sus simulaciones; ya que no se notó el genuino propósito de cambiar, muy por el contrario, probablemente veamos a un Andrés Manuel más rijoso y poco afecto al diálogo ya que para él, simplemente aquellos que no concuerden con su visión, son enemigos, mafiosos y mal patriotas.

Dijo ser un hombre honesto, y de inmediato sus acciones nos muestran lo contrario, pues para no perder espacios en medios, ahora pretende fingir una precampaña, e invita a los presidentes de los partidos que lo apoyan, a que se inscriban como precandidatos, para simular una contienda interna y así poder promocionarse. ¿Dónde quedó la honestidad valiente, mi querido Peje?

Es sabida su repulsión por la clase empresarial ya que para él, cualquier persona que tenga una empresa es un “explotador”, olvidándose que la única forma legal de generar riqueza es a través de la generación de más y mejores empresas.

La entrevista hecha por López-Dóriga, me recuerda la que hace años le hizo Jorge Ramos a Hugo Chávez  (les recomiendo que la vean en Youtube),  en donde a unos días de tomar el poder, ataviado de traje y corbata, promete no expropiar empresas, convocar a elecciones, e incluso menciona que Fidel Castro es un dictador.  Es por demás señalar que no cumplió nada de lo que prometió: tiene sumido a Venezuela en un caos, restringió la libertad, expropio empresas, mató la democracia, generó una enorme corrupción y se convirtió en un aliado de Cuba.

Me parece que López Obrador tiene la misma escuela y que si llegara al poder, tendríamos una mala réplica de Chávez, con un gobierno populista, clientelar, lleno de subsidios, alejado de la productividad y sobre todo, propenso a generar una lucha de clases.

Es terrible que exista la posibilidad de tener un Presidente como él, que con sus acciones en el pasado nos demostró ser: incongruente, falso, mesiánico, aferrado, incapaz de dialogar, de generar acuerdos y consensos, con una nula idea del manejo económico y, sobre todo, un hombre lleno de rencores y de ideas anacrónicas que incluso lo obligan a ver con malos ojos todo lo que venga del extranjero.

Por el bien de México, es necesario que exista una izquierda moderada, analítica, con altura de miras, que de verdad busque el bienestar de la población a través de acciones y no de discursos mesiánicos y carentes de sustento.

“La república amorosa” de López Obrador, sólo existe en su discurso, ya que se ve que él viene por la revancha, cegado por un terrible ego y falta de principios.

La mala noticia está dada.  El Peje está de regreso.

*Analista

Histórico