La vieja política
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Marzo 16, 2010
Si lo piensas no lo digas; si lo dices no lo escribas; si lo escribes no lo firmes, pero si lo firmas… ¡échate para atrás! Fidel Velázquez.
Raúl Colín*
¿A quién creen que engañan? A estas alturas existen aún personas que sintiéndose políticos, no entienden la realidad y continúan pensando que es posible ser incongruente y mentir sin que la gente lo perciba.
Atados a los viejos cánones de la política, esos que ya huelen a viejo, a engaño e imposición, tratan de convencernos con palabras dejando de lado las acciones positivas.
Sufren una transformación digna de la historia de el Dr., Jekyll y Míster Hyde, antes de ocupar un cargo, les gusta estar cerca de la gente, hasta parecen sensibles, pero una vez conseguido el objetivo, sale a flote su verdadero ser.
Ningún bribón de la política trata con malos modos a la gente que estafa, son gentiles hasta el empalago, mientras buscan votos, son comedidos con las viejitas, atentos con las damas, jamás se permiten ser viscerales en público, ni aún con sus acérrimos enemigos. Al contrario, son generosos con los estruendosos abrazos. Son proclives a modificar el lenguaje y llamar “gente de escasos recursos “a los millones de pobres que los malos gobiernos han generado, y a los ancianitos “adultos mayores”. Como dijera el poeta Fabio Morabito, “Aquí el habla se esconde bajo tantas heridas que hablar es lastimarse, y quien habla mejor, es quien mejor se esconde”.
Somos un pueblo sin memoria, que tolera cualquier atropello si es engañado con suavidad y tersura, una sociedad que escucha mentiras y las acepta sin reclamar. Frases como “No cederemos ni un milímetro a la delincuencia” “nuestra prioridad es el campo”, “estamos trabajando con la más absoluta transparencia”, “caiga quien caiga”, “no permitiremos más impunidad”, “procuraremos salarios justos y remuneradores” son ejemplos de las que escuchamos a lo largo y ancho del país, emitidas por políticos de cualquier partido, que no creemos, pero que escuchamos y a veces aplaudimos.
La Cámara de Diputados, lejos de ser un lugar en donde se piensan, discuten, planean y plantean las soluciones a los problemas del país, se ha convertido en un campo de batalla partidista, en donde lo que menos importa, es el bienestar del país.
Muchas horas-hombre, que nos cuestan dinero, se han desperdiciado en ventilar pleitos partidistas, como la discusión entre los líderes del PAN y del PRI, que recientemente se dio, teniendo a los diputados de ambos partidos gritando, apoyando a su respectivo líder, manoteando y comportándose, como si estuviesen en una cancha de fútbol y no en un recinto legislativo.
Lo que ha sucedido en los días anteriores, derivado del acuerdo signado entre las dirigencias del PRI y el PAN, desmentido una y otra vez por los protagonistas, para luego ser aceptado ante la presentación en público del documento, nos deja un tufo a mentira, manipulación y falta de ética, que no nos permite más que reafirmar la idea de que la política, como se esta manejando, es una verdadera lástima, por decir lo menos.
Por más que se justifiquen, por más que se pretenda matizar la verdad, la realidad es que mintieron, engañaron y realizaron pactos en donde no se percibe ningún compromiso o acción en pro de la sociedad.
Desafortunadamente es común, que gracias a nuestra formación como sociedad, nos olvidemos pronto de todas las acciones de nuestros gobernantes, que nos tienen en un país de tercer mundo.
No es culpa de ellos solamente, sino de nosotros, que como sociedad no hemos puesto un alto a la mentira, la simulación y a la impunidad.
Lamento que los buenos políticos y los servidores públicos honrados y comprometidos, queden opacados, ocultos y olvidados, ya que son una pequeñísima minoría, ¡tan pequeña!, que nos acostumbremos a generalizar y decir que la política es sinónimo de engaño, impunidad y deshonestidad.
*Analista
¡Ayúdame Dios mío!
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Marzo 9, 2010
Raúl Colín*
La iglesia nos pide que al entrar en ella nos quitemos el sombrero, no la cabeza.
Gilbert Keith Chesterton (1874-1936) Escritor británico.
Debo reconocer que la educación que recibí en mis primeros años, estuvo muy lejos de ser la ideal para un católico. Mi madre me llevaba a la iglesia los días primero de cada mes, para agradecer lo que teníamos. No era frecuente que asistiéramos a misa. Ella me comentaba que para seguir los preceptos de Dios, no había necesidad de asistir cada semana a la iglesia; sino que simplemente debería yo de portarme bien.
Si bien, siempre he tenido fe, y estoy seguro de que existe un poder supremo, he tenido mis desencuentros con la institución llamada Iglesia católica la cual esta manejada por seres humanos y por lo tanto imperfectos.
Existen muchas situaciones que no entiendo, como el hecho de que esa iglesia tenga como doctrina el infundirnos miedo, su constante intención de meterse en asuntos políticos y violar la ley, y sobre todo, la acumulación de riqueza, algunas veces insultante, en comparación con la humildad que pregona y pide de su grey.
No entiendo tampoco por qué avivar la confusión entre el defender la vida y proteger los derechos de las mujeres para decidir sobre su cuerpo, no comprendo por qué su constante intención de mezclar los asuntos religiosos con la vida institucional, olvidándose de que somos un estado laico. Me parece que la Iglesia católica, como institución, es contradictoria, incongruente e intolerante en algunas cuestiones y muy laxa en otras; como ha sido el juzgar los casos de pederastia cometidos al interior, mismos que no han sido castigados como establece la ley.
En pleno desayuno, me encontré con la noticia del padre Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, sobre los actos de agresión sexual que realizó en contra de sus hijos. Leí la noticia en voz alta y tanto a mi esposa como a mí, se nos fue el apetito.
Un violador es una persona enferma. Si a esto aunamos que se trató de un acto en contra de sus propios hijos, y luego sumamos, que el padre Maciel era un individuo que por mandato de su profesión y de su fe, no podía estar casado, lo menos que podemos pensar es que se trataba de un ser enfermo, perverso, y lleno de patologías que sin duda requerirían de ayuda profesional, sin olvidarnos que la agresión sexual es un delito que merecía la cárcel.
Es evidente que deben existir padres y un gran número de religiosos que cumplen a cabalidad su cometido; que son buenas personas y que han consagrado su vida al servicio de los demás, lo cual es muy meritorio. Desgraciadamente algunas veces se complica el caso, pues vemos personas que ostentan altos cargos dentro del clero, con camionetas blindadas, con guardaespaldas y viviendo lujosamente.
Lo lamentable de este caso, sumado a muchos más que se han documentado ampliamente sobre los abusos sexuales de religiosos, en un gran número sobre niños, nos debe hacer pensar el replantear nuestra visión sobre la iglesia católica como institución. Quiero dejar en claro que esta percepción personal nada tiene que ver con la fe o las creencias de cada persona sobre la espiritualidad, sino el hecho de poner en perspectiva la actuación de seres humanos que han manejado a la iglesia católica como un coto de poder.
La humildad que se predica está muy lejos de ser practicada, ya que existe una gran frivolidad en altos mandos de la iglesia, que gustan de convivir, festejar, socializar y hacerse ver con personajes de la política y la farándula, y no precisamente en acciones que promuevan las buenas costumbres.
La iglesia católica, ha querido incidir cada día más en la vida política del país, violando no sólo las leyes, sino queriendo acceder a más espacios de poder. Por ello es recurrente que las campañas políticas están llenas de actos en donde se confunde la religión, la fe y las creencias, con las preferencias electorales.
¡Dios mío, ayúdame! para poder acceder a mayores niveles de conciencia, ser más espiritual, congruente y honesto, y te pido alejes de mí, a las personas, que en tu nombre y bajo el cobijo de la religión, se hacen más ricos y poderosos a costa de la ignorancia de la gente, abusando de su buena fe.
*Analista
Chalco no es Haití
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Marzo 2, 2010
Raúl Colín*
Siempre es agradable y conmovedor observar la capacidad que tiene el ser humano de brindar su apoyo ante la desgracia humana. El pueblo de México siempre se ha caracterizado por su espíritu solidario y comprometido, apoyando siempre en situaciones de emergencia.
Durante mi juventud, fui testigo de cómo la ciudadanía se volcó para ayudar ante la tragedia de San Juanico, así como en el terremoto que sacudió a la ciudad de México, en ambos casos, la sociedad civil salió a las calles a socorrer a los afectados, rebasando incluso a la autoridad, ya que la respuesta de los ciudadanos fue inmediata pues no esperamos a que llegara ninguna autoridad para organizarnos, sin saber cómo. Estábamos ya formando cadenas humanas para extraer escombros y auxiliar a los heridos; sin duda el liderazgo ciudadano ante ese tipo de circunstancias fue excepcional.
Recientemente fuimos testigos de cómo la población de todo el país se volcó para ayudar a nuestros hermanos haitianos que sufrieron en carne propia las dimensiones inexplicables de una tragedia, ante el sismo que afectó aquella isla del Caribe.
Cientos de toneladas de ayuda fueron canalizadas a través de la Cruz Roja hacia ese país, históricamente devastado, no sólo por sucesos naturales, sino por gobiernos que los han tenido sumidos en la más cruenta pobreza.
Empresarios, artistas, televisoras, medios de comunicación, deportistas, gobiernos y población civil, formamos una red de ayuda sin precedentes, a tal grado, que el propio gobierno federal, en voz del presidente Calderón, anunció qué nuestro país había realizado la donación más grande de la historia, en apoyo a los afectados del sismo de Haití.
Lo lamentable es que si bien hemos respondido solidariamente con la ayuda a otro país, no sucede lo mismo en referencia a lo que pasa con nuestros compatriotas. Cuando observamos las imágenes que se trasmiten en televisión sobre los damnificados en Chalco y otros lugares de la República, a causa de las intensas lluvias que azotaron el centro del país (un poco con la ayuda de la falta de mantenimiento de los canales que transportan las aguas negras) nos damos cuenta que su situación es también muy precaria.
Cientos de casas inundadas por aguas negras, en donde sus habitantes perdieron todas sus pertenencias, recuerdos, muebles y ropa quedaron inservibles bajo el agua mal oliente. Muchas familias también perdieron sus pequeños negocios. De la noche a la mañana han perdido todo el patrimonio y esfuerzo de años. En síntesis, familias mexicanas súbitamente, se quedaron sin nada.
Lamentablemente, la ayuda no fluye para estas familias con la misma vehemencia con la que ayudamos a Haití, quizás continuando con la política de “candil de la calle y oscuridad de tu casa” con la que también característicamente nos conducimos.
No sé si esto se debe en parte a la desconfianza que tenemos los mexicanos de nuestras autoridades, pues no estamos seguros si un donativo, ya sea en efectivo o especie, irá a parar efectivamente a quien lo necesita, o servirá simplemente para otros usos. En el caso de Haití, el valioso aval de la Cruz Roja, nos generó confianza, en contrapartida, en los desastres naturales ocurridos en diversos estados de la República. No sabemos si al ayudar, estemos también cooperando con una campaña política.
A ese grado hemos llegado.
Ojalá que al igual que nos mostramos generosos para ayudar fuera de nuestras fronteras, podamos ser solidarios con nuestros compatriotas, que no se la están pasando nada bien, y que han servido como termómetro político, pues hemos visto las escenas de quién desea sacar provecho de esta desventura, mojándose los pies, abrazando niños y ancianos por doquier y repartiendo algunas despensas, luego de ofrecer apoyos que tal vez nunca se concreten, para después partir presurosos en helicóptero a comer a algún restaurante de Polanco, al fin y al cabo, ya se tomaron las fotografías en la zona afectada.
Chalco no es Haití, pero necesita al igual el apoyo y respaldo de autoridades y de la sociedad. Estaría bien que los que han organizado conciertos, eventos y recaudación de fondos para otros países, pongan sus ojos en este lugar y otros tantos de México, ¡que necesitan ayuda!
*Analista
Por favor… ¡piensen en nosotros!
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Febrero 23, 2010
El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones. Winston Churchill
Raúl Colín*
Las noticias que diariamente escuchamos los mexicanos, son en su mayoría desalentadoras, independientemente del medio que elijamos para enterarnos del acontecer nacional y escuchamos palabras que son común denominador: crisis, narcotráfico, secuestros, robo, pobreza, asesinatos, corrupción.
Como ya ha sido costumbre, la agenda nacional está marcada por el tema político ya que en la antesala de cualquier elección, todo lo que se haga o diga, gira en torno a quién y cómo, llegará al poder.
Cuando escuchamos a un político estructurar sus respuestas en una entrevista de televisión o en sus discursos más sentidos, parece ser que oímos a una persona que vive en otro país, pues las palabras que se usan más frecuentemente son: democracia, desarrollo, oportunidades, bienestar, avance, educación, combate a la delincuencia, rendición de cuentas, transparencia, que son, precisamente los grandes pendientes en nuestro país.
Si tuviésemos memoria, si a los ciudadanos nos importara un poco nuestro propio destino, tendríamos que documentar todo lo que los políticos nos han prometido a lo largo de los años; bastaría escoger, cualquier discurso de campaña, de cualquier candidato, no importando su partido político, para comparar lo que prometió, con lo que de verdad hizo.
El tiempo pasa y las cosas no cambian, los actores políticos son diferentes, no así sus acciones. Los partidos políticos tienen, en medio de una crisis que ha dejado a miles de mexicanos sin trabajo y a muchos más en condiciones de pobreza, presupuestos millonarios para continuar operando, a pesar de la tan anunciada “austeridad” no se observa que las canonjías y prebendas hayan disminuido. Ya lo decía el extinto político mexicano, Carlos Hank González, “Un político pobre, es un pobre político” situación que ejemplifican perfectamente sus hijos y nietos, dueños de millonarios negocios, que no tienen origen, precisamente, en la cultura del esfuerzo.
Los hechos que observamos, nos indican que en las altas esferas de los partidos políticos se trabaja intensamente en la obtención de sus logros y de sus metas muy particulares, no las de la ciudadanía.
Se buscan candidatos acordes a sus fines, no las mejores opciones para desarrollar un gobierno; los cargos públicos son en muchos casos, pagos de favores, de compromisos, siguen una lógica de escalafón, no un principio de calidad y de la búsqueda de la mejor opción.
El sistema político mexicano está caduco, es un régimen lleno de simbolismos, usos y costumbres añejos; de protocolos que ya no son acordes a la realidad, de ceremoniales que más apuntan a las monarquías de antaño.
Somos un país, histórica y culturalmente, acostumbrado a adorar Tlatoanis, a buscar una figura paternal que nos resuelva todo, que nos guíe y nos favorezca; que con una sonrisa, una promesa o una palmada afectuosa, nos saque del anonimato y nos haga sentir “cercanos al poder”.
Los partidos políticos han contribuido a esta práctica que mucho les favorece a comprar votos, a través de las despensas, las camisetas, las promesas y más recientemente, de acuerdo a la modernidad, han integrado nuevos métodos, para asegurarse, aunque sea a un precio mayor, que el voto del ciudadano lo favorecerá, bajo la consigna “el que paga manda”. Es muy sencillo, quién más dinero invierta, seguramente será el ganador.
¡Por eso no nos respetan!: porque los ciudadanos formamos parte de esa práctica negativa, ya sea por acción o por omisión, vendiendo nuestro voto o quedándonos callados ante un mal gobierno.
Ojalá que los políticos piensen en nosotros. Situación que observo sumamente complicada, en tanto, como ciudadanos, no tengamos el valor de participar activamente, de trabajar, y sobre todo, de exigir rendición de cuentas, transparencia y resultados.
*Analista
Legítimos y espurios
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Febrero 16, 2010
Raúl Colín*
La vida es un constante cambio, nada es estático, tenemos que acostumbrarnos a que los escenarios varían y que lo que en un inicio pudiese parecer seguro, no lo es. Hay principios rectores, como los conceptos del bien y el mal, de lo ético y lo deshonesto, mismos que no tienen vigencia si hablamos de política.
Después de las elecciones del 2006, se generó un conflicto post electoral que puso a nuestro país al borde de una crisis de gobernabilidad, a grado tal que la rendición de protesta de Felipe Calderón, se dio en condiciones inéditas, ante la toma de la tribuna del Palacio Legislativo, por integrantes radicales del PRD, quienes finalmente sucumbieron ante la estrategia del Estado Mayor Presidencial, logrando el objetivo, de que en una muy rápida ceremonia se diera el cambio de banda presidencial, ante un ambiente enrarecido y lleno de enconos.
Años después, aquellos irreconciliables enemigos, se dan la mano, palmaditas y arrumacos ante las alianzas políticas que les permitirán llevar candidatos comunes a diversas gobernaturas y presidencias municipales. Es una rara mezcla en donde hoy conviven sin problema los legítimos y espurios.
El secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont fijó su posición ante las alianzas electorales: En lo personal creo que son profundamente antidemocráticas. Al día siguiente habló con los reporteros en el patio de la Secretaría de Gobernación, ese espacio que sólo pisan sus titulares cuando quieren hacer una declaración. Y allí, al matizar, ratificó su rechazo a las alianzas electoreras que equiparó al fraude electoral.
Gómez Mont es un hombre arrogante, que a veces parece actuar visceralmente: Sin embargo, al presentar su renuncia como militante del PAN, esta siendo congruente con sus ideales; no es ético, que en aras de obtener el poder por el poder, se signen alianzas entre partidos con declaraciones de principios y filosofías diametralmente opuestas, ni más ni menos, la alianza de la derecha con la izquierda. ¡Ver para creer!
Estas alianzas, son una clara muestra de cómo los partidos políticos tienen una agenda diametralmente opuesta a la de la ciudadanía, ya que sus intereses, metas y objetivos son otros. Es una falacia que estén buscando el progreso de México, el bienestar de la ciudadanía o la solución de nuestros problemas, simplemente pretenden llegar al poder, por los medios que sean necesarios, no importa si son éticos o no.
Por eso estamos como estamos, por ello la violencia, el narcotráfico y la delincuencia organizada campean por todo el país, porque seguimos viviendo inmersos en una impunidad y en una corrupción que espantan. Porque la autoridad esta ajena a la problemática del ciudadano, resolviendo la de ellos: la búsqueda de nuevos cargos, de nuevos negocios, de vivir muy bien, a costo de todo un país.
Lo que está sucediendo en Ciudad Juárez, es una muestra de la descomposición social que está avanzando a pasos agigantados, ante las erróneas estrategias que por muchos años se han llevado en nuestro país.
Lo que ahora vemos es el resultado de la incapacidad política de quienes han gobernado México, aún en medio de la tragedia de aquella ciudad fronteriza, del drama que viven a diario sus habitantes, escuchamos a políticos que quieren resolver los problemas con discursos.
De nada valieron las disculpas, y la presentación de una estrategia integral contra la violencia en Ciudad Juárez: el presidente Calderón vivió de cerca, como nunca antes durante su mandato, la ira y el desencanto de la ciudadanía. Se enfrentó cara a cara con la verdad: Los ciudadanos ya no creemos las promesas políticas.
A Calderón le dieron la espalda no sólo la madre de dos jóvenes asesinados la semana pasada, sino un gran número de ciudadanos, que no ven una salida pronta a esta situación. También le han dado la espalda los malos colaboradores, los ineficientes funcionarios que no le han ayudado.
“Si a usted le hubieran matado a un hijo, debajo de las piedras buscaba al asesino”, le gritó Luz María Dávila al mandatario. No quiero imaginar el dolor que lleva en su alma esa mujer, a quien las balas le arrebataron a sus dos hijos, estudiantes, deportistas, personas no vinculadas con actividades ilegítimas.
El reclamo de Luz María se quedó corto ¿No tiene responsabilidad el alcalde, o el Gobernador del estado? ¡Por supuesto que si! Y mientras la violencia avanza, a algunos lo único que les importa es llegar al poder, aunque sea aliándose con sus históricos adversarios.
*Analista
Partir madres
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Febrero 9, 2010
Raúl Colín*
La política es un acto de equilibrio entre la gente que quiere entrar y aquellos que no quieren salir. Jacques Benigne Bossuet
Realmente no me espanta el lenguaje soez, es parte de nuestra cultura, aunque debo confesar que me sorprende con qué facilidad lo usan ahora los jóvenes y en especial las mujeres, palabras floridas que en mi adolescencia estaban reservadas para los hombres y en una cantina. El tiempo pasa y hay que adecuarse a la nueva época.
Incluso en la televisión ha dejado de escucharse el bip que se sobreponía a una palabra no apta, para que escuchemos completita y sin cortes la mentada de madre que a nivel nacional le da un político a otro.
No obstante, no deja de sorprenderme el lenguaje y las actitudes de algunos políticos, que más bien parecen parroquianos de un bar de tercera, quienes debían de poner el ejemplo, no sólo en su conducta, sino en su tolerancia y educación.
La diputada oaxaqueña Margarita Liborio, quizá colgada en la época del PRI de los años cincuentas, manifestó así su opinión de la posible alianza PAN-PRD en su estado natal: “¡Estamos listos para partirles su madre!”. En vivo y a todo color a través de la televisión nacional. Seguramente espera que está expresión obligue a que su próximo trabajo sea el de vocera oficial de su partido.
No se quedó atrás la jerarca del PRI, Beatriz Paredes, que con todo y huipil arremetió contra las alianzas PAN-PRD, llamándolas con toda propiedad y armonía verbal como “alianzas chaqueteras”. ¡Oh, qué definición más culta y bien estructurada!
También escuchamos hace unos días, al diputado del PRD Ariel Gómez León burlarse de los ciudadanos haitianos, a quienes en su programa de radio llamó “negros abusivos” así como otros calificativos negativos; en su defensa argumentó que dejó su micrófono abierto por descuido, o sea, se vale ser racista en privado y fina persona en lo público. Al más viejo estilo mexicano, ¡no está mal lo que hice, sino que me “cachen”!
La política ha caído a sus niveles más bajos, queda de manifiesto que lo que se busca es el beneficio de unos cuantos y no el progreso de la ciudadanía, cada elección nos recuerda que los aspirantes a diputaciones, alcaldías o gubernaturas, son seres humanos sonrientes que abrazan por igual a niños sucios que a viejitas, que son capaces de comer tacos en la más humilde casa y caminar a pleno sol, por interminables calles, para que, una vez asumido el poder, se olviden de su pueblo y de sus promesas.
Sí el 10% de las promesas políticas se cumpliera, seriamos otro país, sí solamente el 10 % de lo que se dice en los discursos fuese verdad, México estaría instalado como un país de primer mundo.
No está lejos de la realidad la diputada Liborio, ¡se ve que se han preparado a fondo para partírnosla! , y lo han logrado con creces, ya que México, siendo un país rico, con enormes recursos naturales, alberga a cuarenta millones de pobres, que no tienen alimentación adecuada, servicios básicos, ni educación que les pudiese permitir salir adelante.
Vivimos en mundos diferentes, los ciudadanos comunes no tenemos guardias, ni autos blindados, ni asistentes, ni un enorme presupuesto para disponer de él. Tampoco tenemos asegurada la economía de cinco generaciones más.
Existe una enorme diferencia, porque mientras la mayoría de la población está luchando día a día para poder vivir dignamente, la clase política centra sus actividades en la búsqueda del poder para continuar adueñándose de los recursos del país, para acceder a nuevos negocios, y continuar en una situación económica muy por arriba del promedio de la población.
De otra manera no nos explicamos cómo ex funcionarios públicos de todos los niveles , pueden darse una vida sumamente holgada, aun años después de dejar sus cargos, con una jubilación que está muy distante de la que miles de pensionados tienen, quienes después de una larga vida de trabajo, ahora reciben tres mil pesos mensuales, para poder “vivir” .
Sin duda, han hecho su trabajo muy bien, han estado presurosos y atentos a partírnosla. ¡Felicidades, ya lo lograron!
*Analista
¿Justicia ciega?
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Febrero 4, 2010
Raúl Colín*
Las tragedias no vienen solas, siempre que suceden nos revelan la sucesión de múltiples errores que, unidos, desencadenan una situación negativa.
Durante los últimos días las noticias nos han relatado paso a paso, lo sucedido a un deportista muy famoso, quien fue baleado en un bar, y que aún se debate entre la vida y la muerte, y corre el riesgo, de seguir con vida, ver truncada su exitosa carrera, en virtud de las secuelas que pudiesen causar la lesión.
De inmediato muchas preguntas nos hicimos ¿qué hacia un deportista de alto rendimiento en un antro a las cinco de la mañana? ¿Cómo puede estar abierto un bar a esa hora?, ¡violando los reglamentos! ¿Por qué no se revisó a la entrada a los agresores, para saber si portaban armas?
Una vez que fue fluyendo más información al respecto, se ha complicado el caso ya que los videos que revelan escenas del bar en cuestión nos demuestran que hubo complicidad al propiciar la huida del agresor y de sus acompañantes, así como la violación de los reglamentos, al no hacer las revisiones pertinentes, a los reglamentos que señalan un horario de cierre mucho antes de la hora en que los hechos ocurrieron.
Sin duda es dramático observar a un deportista abatido por un disparo. Sin embargo, me pregunto si hubiese causado el mismo revuelo, si el herido hubiese sido un parroquiano desconocido, un joven común y corriente el que hubiese sido la víctima. Seguramente que no.
La justicia en nuestro país continúa siendo selectiva, sólo bastó que una persona conocida fuese atacada para que saliera a flote la red de corrupción, negligencia e impunidad, con la que estamos acostumbrados a lidiar.
La ley no se respeta en el giro de bares y discotecas y en muchos otros más, gracias al círculo vicioso que forman, empresarios y gobiernos corruptos, que en busca de incrementar sus ganancias, no piensan en el daño que le hacen a la sociedad.
Seguramente el bar en donde se protagoniza este escándalo, haya entregado a las autoridades de la delegación correspondiente, jugosas sumas para poder operar sin problema. Haciendo uso del mexicanísimo dicho, “muerto el niño, se tapa el pozo” pudimos ver a decenas de policías y autoridades clausurando y custodiando el lugar. ¿Dónde estaba antes la autoridad?, seguramente protegiendo a éste y otros muchos establecimientos que a cambio de dádivas, infringen los reglamentos a su completo antojo.
El Presidente de la República, el jefe de gobierno, y muchos otros políticos, han prometido aclarar el caso, luego de ofrecer su apoyo y condolencias a los familiares de la víctima. ¿Por qué no hacen lo mismo con los cientos de víctimas de la delincuencia, la corrupción y la ineptitud que diariamente son afectados en el país? ¿No que la justicia es ciega?
Parece ser que no, porque existe una gran diferencia en el trato que se da a un personaje famoso que a un ciudadano común. Que maten, secuestren, extorsionen o hieran a cualquier persona, no mueve la más mínima sensibilidad de ninguna autoridad. Quizá porque aprovechan cualquier oportunidad para hacerse publicidad y mostrarse como héroes.
En pocas horas supimos el nombre del agresor, vimos su foto, conocimos sus diversas identidades y hasta sus propiedades, ¡Qué eficiente es la autoridad! !Qué magnifico equipo de investigación! Lástima que sólo opere para casos contados pues en México el 98% de los delitos queda impune, y muy probablemente el 2% que se resuelve, sea porque fue en agravio de un personaje famoso.
Por supuesto que ahora la autoridad, estará pendiente del cumplimiento de los reglamentos de los bares, hasta que la opinión pública se vaya olvidando del caso, porque como todos sabemos estarán perdiendo millones de pesos en “mordidas”.
La impunidad y la corrupción, son cánceres que están matando a nuestra sociedad, ojalá que este infortunado hecho, nos haga reflexionar sobre la imperiosa necesidad de participar como sociedad e impedir que quien tiene la misión de cuidarnos y gobernarnos se burle de nosotros. Alguien jalo el gatillo y merece ser castigado, pero no nos olvidemos de las autoridades que propician esta corrupción. A ellas ¿quién los castiga?
*Analista
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