¿Los protectores invisibles?

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Febrero 3, 2010

Rafael Cardona

Siempre con el riesgo  de parecer ingenuo llevo varios días –juez y parte, quizá–, con una pregunta sobre mi cabeza.

¿Por qué ha sido el caso Cabañas esta extraña mezcla de patíbulo y laboratorio?

Por una parte un pleito de cantina, burdel o como se le quiera llamar a ese podrido centro recreativo de las estrellas, cuya prolongada fama de varios lustros resulta inexplicable a la luz de una oferta simple de música y mojitos, no debería haber ocupado tanto tiempo ni tanto espacio.

Por la otra, tampoco debió haber llegado hasta el Foro Mundial de Davos, donde los más conspicuos integrantes del “jet set”  financiero y político del mundo deciden nuestro destino mientras se cuentan sus mutuas y descarnadas mentiras.

Sin embargo ahí los presidentes de México y el Paraguay se juraron justicia eterna. O no tenían nada mejor para hacer o eso era lo mejor en sus agendas: ponerse la camiseta ensangrentada de Salvador Cabañas y hacer “la ola” casi fúnebre.

–¿Era necesario este asunto para conocer la debilidad administrativa y la corrupción de la Revolución Democrática hecha gobierno en esta ciudad? Pues no. Ya lo sabíamos sobradamente desde hace cinco jefes y jefa amarillos.  

–¿Difiere el comportamiento de los medios en este caso de su conducta en los demás? ¿Han sido los diarios más amarillistas y más estridentes las radiodifusoras? No me lo parece.

Cuando mataron a Paco Stanley por un asunto de metanfetaminas y deudas por cobrar, Ricardo Salinas Pliego salió personalmente a la pantalla de TV Azteca a convocar a la revuelta y el derribo del gobierno. No le hicieron caso y se dedicó, en cambio, a perseguir al procurador a quien como dóberman hostigó hasta la tumba. Poco después se hizo socio de Vicente Fox en la banca, con los expansivos resultados ahora conocidos.

Así pues, no es para tanto.

–¿Que Televisa lo convirtió en héroe? ¿Que impuso los horarios de sus noticiarios a los tiempos de la investigación?

Pues sí, en efecto, pero eso no es distinto de otras muchas ocasiones. En la guerra contra el narcotráfico o la captura de los secuestradores como la Cassez o la liberación  de los secuestrados, como Romano (otro futbolista utilizado en el maridaje justicia-TV), todo se hace con la venia y a la hora de la tele. Ya lo sabemos.

–¿Entonces? ¿Quién es el culpable de este escándalo más allá de toda proporción?

–Pues como no podemos condenar a los medios, condenemos a la conducta humana; al morbo, a la proclividad y gozo de consumir con gula noticias como éstas. Condenemos a quienes armaron un velorio universal por la muerte de Lady “D” y llenaron de flores condolidas los indiferentes enrejados del Palacio de Buckingham hasta sofocar entre pétalos blancos a los guardias con peludos gorros de oso y atascaron con sus cartas y plegarias y veladoras amarillas el portón del “Royal Rolls” de la helada Isabel II.

Y de paso preguntemos las cosas más extrañas de este caso: ¿quién protegía y sigue cuidando al dueño? Y sobre todo por qué la investigación me recuerda cuando tiene más hallazgos que búsquedas. Mancera, como Picasso,  dijo: no busco; encuentro.

¿Quien le facilita –a cuentagotas–, los encuentros a Mancera? Mire usted el camino de las estrellas.

¿Programas o cumplimiento?

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Enero 27, 2010

Rafael Cardona

Algo de lo peor en la administración pública es la permanente actitud de la alta burocracia de ofrecer a los ciudadanos apariencias de cumplimento de obligaciones elementales mediante el anuncio estrepitoso de “programas”.

Cuando la ocasión lo amerita y hasta cuando no, los funcionarios (de escaso funcionamiento por lo general) presentan con platillos y tambores un “programa” para renovar compromisos de manera innecesaria y casi siempre publicitaria, ya sea para la recolección de basura o la vigilancia de las calles. Es decir, para convertir el cumplimiento de obligaciones elementales en acto heroico y plausible.

Pero a ellos les importa más la creencia popular y menos el cumplimiento real.

Un ejemplo de eso lo tenemos en el estrepitoso fracaso del delegado Eduardo Santillán en Álvaro Obregón (hoy con la cínica cola entre las piernas) quien ha gastado miles y miles de pesos en anunciar programas  de control de alcohol y giros “de alto impacto” con los resultados de todo conocidos y la exculpante cobardía con  la cual oculta sus responsabilidades, o mejor dicho, sus irresponsabilidades.

“A partir de este fin de semana –dijo el pasado jueves 12 de noviembre–,  entra en funcionamiento en la Delegación Álvaro Obregón el Programa Permanente “Cero, Cero; a las Cero horas, Cero venta de alcohol”, el cual prohíbe la venta de embriagantes después de la media noche, los siete días de la semana”.

Después el huidizo delegado divulgó:

“El jefe delegacional Eduardo Santillán Pérez, acompañado por el Consejero Secretario del Consejo Ciudadano de Seguridad Publica y de Justicia, Luis Wertman Zaslav (un simple comparsa) , así como de funcionarios de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal, realizará… la presentación oficial del programa en el Centro Cultural San Ángel.

 “Horas antes del arranque, el jefe delegacional advierte que tendrá “mano dura”, por lo que se reforzarán las medidas de supervisión y verificación en los establecimientos mercantiles para no permitir que se continúe con la venta indiscriminada de alcohol”. ¿Mano dura?

Aun cuando el tiroteo contra  Salvador Cabañas no fue ocasionado por la venta de alcohol en una “ventanita” de barrio ni algo semejante, el hecho nos lleva a otra de las farsas de la delegación: el programa sobre la seguridad nocturna en bares y establecimientos similares.

La delegación A.O. se ufanó recientemente:

 “Los jefes delegacionales de Álvaro Obregón y Coyoacán, Eduardo Santillán Pérez y Raúl Flores García, respectivamente, encabezarán este viernes 4 de diciembre, el primer operativo conjunto entre ambas demarcaciones denominado “Vida Nocturna Segura”.

“Con esta acción, los delegados verificarán que los establecimientos mercantiles de “alto impacto” como son bares, antros, cantinas, centros nocturnos, respeten los lineamientos establecidos en la Ley para el Funcionamiento de Establecimientos Mercantiles y la Ley de Protección a los No Fumadores”. 

Una vez más el GDF quedó entre el ridículo y la ineptitud.

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