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Pulso Político
Puyazo
Preparémonos
para lo que vendrá

Rafael Cardona

¿Investigación o carpetazo?

Rafael Cardona*

Ha dicho el Procurador General de Justicia, Jesús Murillo Karam: esta es la verdad histórica. He aquí los resultados científicos.

Pero no acababa de decirlo, cuando otros muchos ya descalificaban –como era de esperarse–, un trabajo cuya velocidad fue notable y de cuyos resultados depende, entre otras cosas, el proceso de 99 detenidos, algunos confesos y otros por ese camino.

Apenas un día antes esta columna publicó lo siguiente:

“…A esos grupos, cuya petición se ha convertido en proclama y bandera mediante el recurso instantáneo de desconocer cualquier avance en la investigación, excepto aquel cuya contundencia favorezca sus prejuicios (han enjuiciado y sentenciado a priori), se les han concedido todo tipo de peticiones.

“Más allá del absurdo de insistir en la vitalidad de los desaparecidos y al mismo tiempo exigir la presencia de investigadores argentinos en ciencia forense e identificación de restos humanos (no tendría caso si estuvieran vivos); de admitir al principio y negar después los resultados de la universidad de Innsbruck, aun cuando en los hechos se desconozcan sus derivaciones lógicas (si lo único identificable en el montón de ceniza fue el ADN de uno de los desaparecidos, la lógica empuja para un lado mientras la propaganda lo hace en sentido contrario) y por encima de la descalificación del trabajo de la PGR y sus casi cien detenidos, algunos de ellos confesos, como “·El cepillo” , hacen pensar en la imposibilidad –al menos del lado oficial– de prolongar esta situación hasta el infinito”.

En efecto la PGR ni apostó por la eternidad. La propaganda sí.

Y decía:

“Por otro lado se le dejaría al tiempo la solución del caso.

“Cuando hayan pasado 99 años y no haya ni siquiera posibilidades de longevidad para los imaginarios sobrevivientes, ya no se podrá exigir su presentación tan vivos como el día cuando fueron abducidos.

“Pero dentro de un siglo ni usted ni yo ni los padres hoy dolientes y justamente encabronados, estaremos aquí. Muchos menos quienes ahora empujan políticamente el caso. No estarán ni Peña ni Murillo; ni Abarca, ni el PRD, ni el abogado activista y “cetegista” profesional, De la Cruz.

“Nadie. Pero seguirá la cantaleta. Se habrá vuelto leyenda”.

Y por ese camino vamos con el auxilio de la fácil prensa y de algunas organizaciones de DH; cuya supervivencia depende de su capacidad de protesta y ésta de la vigencia de un caso tan notorio y terrible como este.

“From here to eternity”, se llamaba una película del Hollywood de antaño. De aquí a la eternidad.

El bloque de los chapulines

Rafael Cardona*

En todos los años de relatar la vida capitalina más o menos con una cierta asiduidad, es esto del bloque de los delegados o de los jefes delegacionales es algo de lo más penoso observado por este redactor. Claro, quizá 45 años no sea muchos en este ejercicio de mirar de cerca la vida en la Ciudad de México.

Primero que nada no me parece garantía de absolutamente nada, no creo que estos señores por haberse ido todos juntos y presentarse todos juntos en un proceso vayan a dar resultados iguales para todos. Pero todo esto no es más que algo tan triste como lo de Juanito, es la conducción de un proceso desde la cúpula negando cualquier posibilidad de intervención del ciudadano, dejándolo todo a este proceso endogámico de los partidos.

¿Qué significa la endogamia? La endogamia es ese fenómeno con el cual algunos grupos humanos se reproducen solamente hacia el interior, hacia adentro.

Entonces se empiezan a casar los parientes entre ellos, primos con primos, a veces hasta hermanos con hermanos y todo y ¿cuál es el resultado de todo esto?

Para no ofender a nadie lo voy a poner con un símil con las ganaderías, por ejemplo las ganaderías de toros de lidia, que han pasado por un proceso endogámico llamado el “monoencaste” y ¿qué ha ocurrido?

Ha ocurrido que los toros de lidia en este país pasaron de ser toros bravos a toros mansos y en una gran cantidad de casos, como vemos cada tarde en la Plaza México, a toros mensos para públicos mansos y también para públicos mensos que ven un chivo y lo confunden con un toro de lidia.

Bueno, pues así nos está pasando con la política, al menos con la política esta que quiere inducir el PRD.

Yo creo que el señor Héctor Serrano tuvo una muy mala ocurrencia porque es imposible que sus 14 candidatos ganen en bloque, tan es así que pidieron licencia, lo cual es el extremo de la vergüenza:

– “Me voy, pero como no estoy seguro de llegar a donde quiero ir, guardo aquí una pequeña tabla salvadora por si la cosa allá naufraga”.

Y toda esta legislación malhecha, todos estos procesos electorales que están confeccionados a la medida de las ambiciones y no a la medida de las responsabilidades, pues le permiten a estos chapulines brincar de un lado para el otro, no correr ningún riesgo, hacer las cosas como se quiera, como se pueda.

La gente dirá “pues que no voten los ciudadanos por estos señores que en algunos casos son unos adefesios, unos mamarrachos, unos bandidos”; bueno, pero es que la gente no vota con la conciencia, la gente a veces vota con el estómago y los estómagos agradecidos son fundamentalmente aquellos que reciben esto que eufemísticamente se llama “programas sociales”, ¿que son qué?:

Pues dinero, dinero expresado ya sea en metálico, ya sea en efectivo, ya sea en estas cosas que se entregan a los dueños, a los habitantes de los condominios, ya sean canastas, apoyo para las madres solteras, para los niños con discapacidad, uniformes, zapatos, útiles escolares, en fin, la compra anticipada del voto.

Los programas sociales no solucionan la pobreza pero ayudan a comprar los votos y en esta ciudad el PRD ha sido especialista en esto. Entonces esta inducción electoral puede llamarse de cualquier manera; desvergüenza, cinismo, ponle el nombre que tu diccionario permita, pero acuérdese, ¿va a usted a votar o le están pagando por votar?

Analista*

¿Y usted quién es?

Rafael Cardona*

Las cosas, dice José Saramago en su novela “Todos los nombres” no existen sino hasta cuando alguien las nombra por su nombre. Y si eso sucede con las cosas, cómo no sucederá con las personas. Pero vayamos por partes para explicar por qué estas disquisiciones.

Al comenzar el año el Presidente de la republica atestiguó la firma de un convenio múltiple entre los gobiernos estatales y la secretaría de Gobernación para enlazar en una red de cómputo e informática compartida, las oficinas del Registro Civil para lograr en México y el extranjero la expedición sencilla y casi ubicua de actas de nacimiento.

Esa clave única ha sido posible por las facilidades tecnológicas por cuyo avance se ha logrado modernizar casi todo en este mundo. Modernizarlo y –eso ya será materia de otro análisis—fiscalizar de muchas formas a los ciudadanos, cuyo destino físico se detecta mediante la portación de un teléfono y cuya vida se controla desde las cuentas del SAT, por ejemplo.

Pero registrar un nacimiento no significa expedir una cédula de identidad. Un documento definitivo donde se contenga todos los datos del mexicano. Como sucedáneo de esto se utiliza la credencial para votar expedida por el Registro Nacional de Electores, pero hay quienes por edad o por designio, no son electores.

Si bien tenemos derecho a la identidad –como ha dicho el presidente Peña–, también tendríamos necesidad de un documento de identidad.

No de un documento registral, sino un documento portátil como la licencia de manejar o la credencial del Instituto Nacional Electoral, pero los asuntos poblacionales no pueden ser sustituidos por los asuntos electorales.

¿Por qué esta manía de pedirle a la gente su documento electoral para que pueda cambiar un cheque en un banco? ¿Por qué? ¿Por qué el Instituto Electoral se apropia de una función de definiciones de registro poblacional?


Por una razón muy simple, cuando nació el Instituto Federal Electoral con ese gasto brutal para hacer la credencial con fotografía para votar, no para identificarse el efecto colateral y la justificación de la enorme inversión del actual INE, fue obligar a la gente a inscribirse al padrón para justificar su existencia con el volumen enorme de más de 80 millones de credenciales.

Pero millones de mexicanos durante 18 años no tiene un documento de identidad.

Alguien dirá, bueno, tienen la CURP, sí, nada más que la CURP no funciona.

Nadie puede en este país decir yo tengo “un” documento de identidad. La cartilla del Servicio Militar Nacional, sí, pero muchas mujeres no están en el servicio militar.

Además los niños, los jóvenes no tienen documento de identidad. No so ciudadanos. Lo hecho hace días, cuando más, fue un paso. Al acabar la ceremonia de los registros civiles se lo preguntaron al Presidente y dijo, bueno, por lo pronto vamos a arreglar esto, tener una clave única para el registro y se tenga la posibilidad de enlazar todas las oficinas registrales. Ese es un primer paso.

El segundo paso debería ser respetarle al Instituto Electoral su documento para votar, útil también para identificarse, pero no al revés, no nos podemos identificar exclusivamente con una credencial para fines electorales.

No tiene que hacer el Instituto Electoral en los asuntos de población y no debe meterse la Secretaría de Gobernación en los asuntos electorales.

Analista*

Acoso y derribo

Rafael Cardona*

Yo siento, y lo sienten otras personas con información superior a la de un reportero como yo, que hay una verdadera maniobra cuya intensidad recuerda el caso ibérico cuando se quiso hostigar al Partido Socialista Obrero Español en el poder, después de los éxitos de  Felipe González y se urdió un conjunto de maniobras.

Recordemos el clima en España cuya turbiedad estuvo a punto de producir un golpe de Estado del cual, dicen, los salvó el Rey, -un Rey ahora sin funciones- , pero con el paso del tiempo se supo el conocimiento del monarca de cuanto ocurría mientras él dejaba correr un poco las cosas.

Pero en fin, aquí también parece haber  una labor de acoso, no sé si de acoso y derribo como fue en España, pero si hay una maniobra o un conjunto de maniobras de acoso al Gobierno Federal.

Algunos van a decir, bueno, no se puede hablar de  acoso contra el Gobierno cuando el Gobierno comete errores y eso es cierto.

El problema consiste en usar esos errores del gobierno como parte del ariete de usar en el afán cosas que el Gobierno Federal no hizo.

Y ese es el caso exacto de lo de Iguala, en donde se responsabiliza a quien está por encima de esas acciones pero le cae encima toda la otra responsabilidad, que es resolver el problema.

Según el Gobierno, según la Procuraduría se está resolviendo el caso Iguala. EL terrible caso iguala. Se está investigando, se están haciendo las cosas; se ha detenido a gente, hay muchos presos, pero, no hay satisfacción en las personas que piden justicia por la desaparición de los estudiantes.

No hay nunca un señalamiento hacia los culpables directos sino se va hacia el otro extremo.

 

Ahí no dicen “queremos a los asesinos materiales en la cárcel”, todo se va en la cuestión de culpar al Estado, en abstracto y como no se puede culpar al Estado porque el Estado no es un señor que camine por las calles y al cual puedas detener y meter a una celda, entonces tienes que culpar a los agentes operativos del Estado empezando por el jefe del Estado que es el Presidente de la República.

En este sentido creo que es como debemos analizar tres diferentes declaraciones; una del Presidente de la República, que se refirió ya a las protestas en el mes pasado, y habló de que hay muchas cosas inexplicables y habló de un clima generado por la oposición a sus reformas, y que dijo que era obra de quienes están en contra del proyecto de nación que él encabeza.

Después la declaración del secretario de la Defensa hablando también sobre la estabilidad y la desestabilización y ahora la nueva, más reciente del secretario de la Marina que dice, “pues a mí me molesta que estén manipulando a los padres”, lo cual quiere decir, -me molesta que se esté utilizando un asunto de dolor humanitario como una herramienta de ataque político-.

Y es evidente que hay –además–, una maniobra de ataque político y vemos que cuarenta y tantos municipios del estado de Guerrero, están tomados por opositores que han impedido el funcionamiento normal de esos ayuntamientos y son las gentes de la CETEG, son las gentes de las decenas de organizaciones beligerantes, de activistas en el estado de Guerrero, quienes tienen prácticamente paralizado Guerrero.

Entonces en este sentido, yo también inscribiría este intento de descarrilar al secretario de Hacienda, Luis Videgaray quien creo que tuvo una buena actitud al salir a los medios de inmediato para decir algo fácil de comprobar si dice o no dice la verdad.

Si miente, pues ahí esta la ley. Si hay algo indebido, ahí esta la ley. Y se debe aplicar.

Analista*

Teletón y política

Rafael Cardona*

Por razones cuya conveniencia analizaremos después, la colecta anual (el pasado sábado 6)  de la Fundación Teletón cuyos fondos se destinan a la atención de niños con discapacidades diversas, se convirtió en una convocatoria para cobrarle (verbo exacto en el uso de su conductor) cuentas al gobierno, sin mezclar su desempeño con las pías causas de la filantropía y su respaldo empresarial desde la televisión.

Muchos habrían considerado imposible hace apenas unos días, (cuando el origen de la Casa Blanca se quiso explicar mediante la munificencia de la empresa productora de telenovelas hacia su actriz estelar, Angélica Rivera), escuchar a Carlos Loret de Mola entre el enfado y el desafío, decirle a los millones de telespectadoras cuya piedad quería generar frente a la insuficiencia auto determinada de los fondos por reunir:

–“Cóbrensela a Angélica Rivera, a Enrique Peña Nieto, por sus insatisfactorias explicaciones sobre el origen y financiamiento de la casa), a Televisa, si quieren, por pagarle mucho a su actriz estrella”, pero no a los niños del Teletón…”

Si consideramos las improbables espontaneidad y autonomía del conductor, cuya apreciaciones fueron pronunciadas después de las de Eugenio Derbez, (quien  se quiso presentar como un “outsider” ) y cuyas palabras más o menos, dijeron lo mismo, pero con  el adobo del latiguillo “humorístico”, estaríamos frente a un  distanciamiento definitivo (difícilmente pactado como estrategia) entre el presidente Enrique Peña Nieto y el poderoso grupo de la comunicación en español.

No faltará  quien atribuya esta ruptura a la lumbre en los aparejos después de las explicaciones de la señora Rivera (oficialmente ya calificadas como insatisfactorias por Loret), sobre los fondos para comprar una casa millonaria y la implícita confirmación de la intensa relación entre Televisa y el jefe del Ejecutivo expresada y comprobada por varios frentes. Hoy se pretende un  deslinde absoluto. Televisa –parece decir–, no se acerca a la corrupción, promueve la piedad del Teletón.

Otros dirán, es el producto del distanciamiento originado por las reformas, especialmente  la de Telecomunicaciones con la espada de Damocles de la preponderancia, como limitante de la actividad empresarial sin límites.

Pero recordemos el discurso de Peña Nieto del 18 de noviembre:

“… No son varita mágica. Nunca las hemos ofertado como tales. Pero, sin duda, son punta o son puntal, y son necesarias para acelerar el ritmo de desarrollo que necesitamos como país… Que, sin duda, han afectado intereses, de los que mucho tienen y de otros que se oponen al proyecto de Nación…”

Estas expresiones de los promotores del Teletón en torno de la cobranza, contrastan con lo afirmado por el presidente Peña en la habitual comida con la Cámara de la Industria de la Radio y la TV:

—“Los concesionarios de esta Cámara –les dijo Peña–, cumplen una función social y de interés público, esencial para el avance democrático de México…”

“A mí también me han lastimado  –dijo el comediante Eugenio Derbez cuya película “No se aceptan devoluciones” fue promovida por Videocine–, a mí también me lastima Ayotzinapa, a mí también me saca de onda que aparezca una casa en Las Lomas y que no haya certeza de dónde vino la lana… pero lo que no está bien, es que nos llevemos entre las patas a todos esos niños que dependen del Teletón…”

Analista*

De pronto cayó la noche

Rafael Cardona*

Si se revisa la contabilidad de las casas de encuestas, estamos frente a una situación sumamente complicada para el gobierno, una situación que al fin del primer bienio no se hubiera creído al final del primer año, cuando todo era un ajuste, cuando todo se había ido engranando a través del Pacto por México, y se anunciaba todo el trabajo legislativo que iba a dar pie las transformaciones que a su vez iban a permitir cambios fundamentales en la estructura del país, para fomentar inversión, empleo, desarrollo, ocupación.

De pronto, como hubiera dicho alguien, de pronto cayó la noche, simplemente lo que era soleado y luminoso, templado, tirando a cálido, lleno de brotes, y una primavera, la primavera del momento mexicano, de pronto se oscureció, ya sabemos cuáles son los factores, los varios factores que concurren en esta disminución de la popularidad y por tanto de la aceptación del gobierno del presidente Enrique Peña.

Lo que no sabemos, y es lo que quisiéramos ver en los próximos meses, en los próximos días si fuera posible, es cómo va el gobierno a poder reinventar al gobierno, cómo van a poder reposicionar a esta administración, cuyos fines iniciales, aquéllos puntos que escuchamos quienes tuvimos la oportunidad de estar en el Palacio Nacional, en la toma de posesión, que fueron puntos esperanzadores todos, los recibimos con aplauso, con beneplácito, con confianza, con mucha esperanza.

¿Cómo puede este gobierno rehacer, no solamente la imagen actual, sino también ofrecer una nueva posibilidad para los días que vienen?

Le quedan a este gobierno mil 460 días, si es que multiplicamos los 365 de cada año por los cuatro que le faltan, cualquiera dirá que mil 460 días son muchos o muy pocos.

 Kennedy se hizo históricamente famoso por sus mil días, y también alguien se hizo famoso, el pensamiento de un pueblo completo, por las Mil y Una Noches.

No quisiéramos cuentos, quisiéramos labores de gobierno, mil días para recuperar una confianza que los mexicanos, que no somos rencorosos, podemos otorgar nuevamente a quien nos hizo albergar muchos buenos sentimientos de arranque en este gobierno.


Y ¿cuáles son los males, y cuáles son los remedios?

Queda tiempo, yo digo que sí queda tiempo, porque la capacidad de operación de todo el Estado no puede quedarse solamente en lo que las encuestas de hoy dicen, 58 por ciento desaprueba, según una casa de encuestas, 50 por ciento por la otra desaprueban. Con ese 50 por ciento y el otro 42 por ciento se puede comenzar a construir la verdadera, la nueva historia, para decir como alguna vez dijo otro Kennedy “el sueño no ha terminado”.

Analista*

Violencia en la zona sagrada

Rafael Cardona*

Debido a su doble condición de termómetro y laboratorio de la política mexicana, donde se expresan o se incuban algunos de los asuntos cuya evolución marcará en un plazo largo o corto, la tendencia de los cambios nacionales, la UNAM y por extensión la ‘’Zona sagrada’’ del campus de Copilco, debe ser materia o motivo de una permanente vigilancia por parte de los órganos de seguridad del Estado.

No me pregunte usted cuáles. Todos, si alguno funciona todavía.

Los hechos recientes en la universidad resultan hasta ahora signos de atención un tanto lejanos, pero podrían estarnos diciendo cosas importantes, en especial cuando no se ha resuelto, desde hace lustros, la oprobiosa ocupación del auditorio de la facultad de Filosofía y Letras.

Sólo como un registro de las cosas vale la pena fijar la atención en estos tres asuntos y esperar su evolución. Hoy cuando no está el horno para bollos ni para rollos.

Hace apenas unos días ( y por favor sin la mafufada del agraviado) se publicó esto:

‘’El investigador Ernesto Villanueva fue atacado a disparos mientras estaba en su camioneta en Ciudad Universitaria.

El vehículo de Villanueva, quien se desempeña como titular “C” de tiempo completo en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, recibió tres impactos de bala, pero él resultó ileso debido a que la camioneta está blindada’’.

Poco después:

‘’Un grupo de encapuchados prendió fuego a una unidad del Metrobús en la estación Ciudad Universitaria de la Línea 1, la cual también resultó dañada y sin que hubiera personas lesionadas. Alrededor de las 19:00 horas los jóvenes con el rostro cubierto bloquearon ambos sentidos de Insurgentes Sur…

‘’…Tres personas fueron detenidas, mientras que otros de los presuntos responsables lograron huir al correr dentro de los circuitos de Ciudad Universitaria’’.

Y este fin de semana supimos esto:

‘’Un estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras de la (UNAM) resultó herido de bala en la pierna en un incidente ocurrido dentro de Ciudad Universitaria este sábado, al parecer cometido por un servidor público de la PGJDF…

‘… un testigo de los hechos, compañero del joven herido, narró que aproximadamente a las 13:30 horas un automóvil con varias personas a bordo ingresó al campus universitario… varias personas empezaron a tomar fotos, y cuando algunos estudiantes presentes en el lugar les preguntaron quiénes eran, una de las personas comenzó a golpear a quienes lo cuestionaron, sacó un arma de fuego y disparó…’’

Más tarde:

‘’La PGJDF informó que el elemento de la Policía de Investigación que disparó en Ciudad Universitaria se encuentra hospitalizado, en calidad de detenido, y se reporta como grave por fractura en el cráneo.

‘’En tanto la Asamblea General Interuniversitaria (¿?) emitió un comunicado donde hizo responsables a las autoridades de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), entre ellas a su rector, José Narro Robles, y al Jefe de Gobierno Capitalino, Miguel Ángel Mancera Espinosa, de la balacera que se registró la tarde de este sábado’’.

¿Así nomás?

Por encima de las explicaciones, bastante maniqueas, por otra parte, los hechos hablan solos; la violencia está tocando a la puerta de la Universidad.

Si esa pradera se enciende, como dijo la beata, Dios nos coja confesados.

Analista*

Refundar la CNDH

Rafael Cardona*

Sería impropio decirlo así, pero el fracaso de Raúl Plascencia en su intento de ser reelecto para la presidencia de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, no ha sido una defenestración sino el reconocimiento público de cómo resulta imposible el intento de convertir una institución de defensoría ciudadana, en un club de amigos al servicio de un ineficiente caballero vanidoso y arrogante.

Muy bueno será el desempeño del nuevo comisionado nacional de los Derechos Humanos. No sólo por la calidad de sus méritos, sino por la inevitable comparación con el ahora peregrino Plascencia quien podrá dedicar las tardes de su ocio a la contrita contemplación de su busto en los patios de una escuela de Sonora.

Su desprestigio ha sido abrumador y vergonzoso.

Sin embargo la institución ha sido dañada de manera grave. La descomposición interna, definida por algunos de los trabajadores y empleados de estructura media, cabe en la palabra caos. Pero si en lo administrativo aquello es (en términos taurino) un herradero, no lo es menos en cuanto a sus asuntos sustantivos.

La CNDH no puede seguir siendo una costosa fábrica de recomendaciones.

UN día alguien preguntó:

–“¿Para qué existe la Comisión Federal de Electricidad?”:La respuesta es sencilla: para producir electricidad.

Si esa pregunta se aplica para la otra comisión, la de los derechos Humanos, la respuesta es más compleja: no se puede decir, para producir los derechos humanos porque esos existen sin la Comisión.

–¿Qué es lo que le ha ocurrido a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos desde su fundación?, desde su origen como parte de una serie de obligaciones nacionales en la modernización de este país, cuando este país tenía como gran aspiración salinista la maduración democrática y la oferta de una nueva estructura política interna.

Pero hoy la Comisión ¿qué es?

En el mejor de sus casos es una inútil fábrica de recomendaciones.

Hace no mucho tiempo, poco antes de lo de Tlatlaya, y aquí está la divergencia entre el ser y el deber ser, el saliente ombudsman, el doctor Plascencia, celebraba durante una reunión con el Presidente en la cual seguramente creía que iba a obtener la gracia del Ejecutivo para prolongar su administración al frente de la CNDH, y decía como las cosas habían mejorado mucho porque ahora el Ejército aceptaba las recomendaciones.

En el lenguaje de un defensor de los derechos humanos, no de un defensor de su trabajo en la Comisión, se debió haber festejado no recomendar nada al Ejército, no su admisión o rechazo porque una recomendación surge de una violación investigada de derechos humanos.

¿Para qué se supone que sirve la Comisión? La Comisión debería servir para la promoción y la divulgación y la defensa de los derechos humanos, o sea, la defensa del ciudadano frente a cualquier exceso del poder, en cualquier área cualquiera.

Entonces, las recomendaciones son peticiones de buen comportamiento y así no sirven absolutamente para nada.

Sirven para que una mala autoridad, dentro de la Comisión, negocie las recomendaciones. “Oiga gobernador, fíjese que tengo aquí un caso en el que sus muchachos se excedieron. Mire antes de que le mande yo una recomendación, porque mejor no le pone usted remedio, ya sabe que aquí somos sus amigos”, etc.

Ese trato ha ido convirtiendo a la Comisión en un grupo de presión política desde el Estado contra el Estado. Y eso no le sirve a nadie.

Analista*

Omisiones y comisiones

Rafael Cardona*

Por segunda ocasión vemos La sustitución de un político profesional para darle paso a un académico sin credenciales partidarias abiertas, al menos no en la militancia tal y como la conocemos en otros casos.

Lo primero ocurrió en Michoacán con Salvador Jara, y ahora lo tenemos con Rogelio Ortega en Guerrero.

En este asunto de Guerrero, hay algo muy interesante en cuanto a la especie en circulación en torno constituir una Comisión de la Verdad. La idea parece provenir desde el escritorio del ya defenestrado Ángel Aguirre para buscar un remedio a la imagen de su gobierno.

Pero yo creo, otra cosa: lo necesario en Guerrero, primero, es otra Comisión, la Comisión del Hallazgo o la Comisión del Encuentro o la Comisión de la Aparición, porque mientras no aparezcan los jóvenes desparecidos, todo lo demás serán medidas despresurizantes, se va a distender mucho el ambiente político con la salida de Ángel Aguirre.

Pero no es ese el meollo del conflicto, el meollo del problema aquí es la desaparición de 43 personas, el asesinato de otras seis, y todos los atropellos cometidos a lo largo de estas últimas semanas.

El señor gobernador Rogelio Ortega ha llegado, si no con las credenciales de un político profesional, sí con los mismos modos de un político profesional, a decirle al Presidente de la República el discurso habitual en cualquier gobernador:

“Señor Presidente con su auxilio, con su ayuda, con su respaldo, yo le voy a entregar muy buenas cuentas”, sin darse cuenta, de a quien le debe entregar los buenos resultados: a los gobernados del estado de Guerrero y no al Presidente de la República, pues hasta donde sabemos, no ha sido él quien lo ha puesto en ese cargo, sino los ciudadanos a través del Congreso del estado.

Pero como sea, en este problema la serpiente se sigue mordiendo la cola. Puede haber mucho respaldo federal, ¿para qué? ¿Para tomar el control policiaco de los municipios?, ¿para sustituir a las personas a cargo de los órganos de seguridad pública?

Sí, eso es muy útil, pero lo visto Guerrero es un cambio de gobernador, pero las estructuras de poder en el estado, la maquinaria montada por Aguirre es la misma y hoy sigue operando.

Vamos a ver si este mandatario nuevo se comporta como un comisionado o como un gobernador interino. Tiene poco tiempo.

La idea de la Comisión de la Verdad no es una idea descabellada, pero para llegar a la verdad, primero se tiene que llegar a la verdad más importante, para contestar estas preguntas:

¿Dónde están los desaparecidos? ¿A quienes se ha encontrado en las fosas “colaterales”?

Analista*

La fórmula infalible

Rafael Cardona*

Cómodamente instalado en el recurso infalible del oportunismo victimizado, Luis Estrada prolonga con los mismos elementos de sus cintas anteriores, su “nueva” película, “La dictadura perfecta”, presentada al público como heroica sobreviviente de las mandíbulas de la censura, tal y como hizo con las obras anteriores en el audaz equilibrio entre el apoyo institucional y la rentable denuncia de amagos contra la libertad.

La película reciente (como “La ley de Herodes” y “El infierno”) también cuenta con el respaldo de instituciones públicas, como el Imcine (gobierno) y el auxilio de los mecanismos fiscales con cuya vigencia se estimula (como no sucede con ninguna otra forma de expresión) la industria cinematográfica.

Estrada repite “ad nauseam” los estereotipos de una “audacia” crítica muy “ceceachera”, en la cual todo es barniz, todo es superficie, todo es la fácil repetición del lenguaje carpero tan caro a los oídos del público medianamente desinformado, para el cual toda chingadera dicha en voz alta es sinónimo de atrevimiento por cuya sonoridad se refuerza la condena a los malos gobiernos y a los pinches políticos. ¿Viste?

Sentado así en el caballito de la hacienda (siempre condicionado a regresar al mismo lugar), Don Luis logra su verdadera intención: engordar la taquilla y ganar dinero mediante la fórmula probada del éxito anterior, pues de eso se trata el cine, excepto para quienes creen en sus potencias educativas, formadoras de conciencia o constructoras de dignidad ciudadana.

La única finalidad de esa industria es sumar ganancias, primero para recuperar la cuantiosa inversión y después lograr justas y amplias utilidades. No tiene caso hacer cine para seguir siendo pobres.

Si “La ley de Herodes” se inscribió en la corriente políticamente correcta de censurar al deliberadamente debilitado PRI en los albores de la alternancia; “El infierno” fue el aprovechamiento coyuntural de los horrores de la violencia desatada por la guerra “calderónica” cuyos efectos aun resiente el país.

Aquí, en “La dictadura perfecta”, Estrada repite sus manías analíticas y recae en los mismos recursos de sus películas anteriores: la estridencia en torno de iguales juicios y condenas.

Para hacerlo recurre a los elementos ya probados: el mismo cuadro de actores, el mismo guionista asociado a su repetitiva forma de analizar las cosas hasta llegar a una especie de prolongación caricaturizada de la parodia. Estrada es el “Rius” del cine mexicano, pero Del Río lo hizo hace más de treinta años y no le copió a nadie. Ahora ya tiene derecho de repetirse cuanto quiera.

Pero en el caso de la película cuya metodología del amago, la censura, el boicot y todo lo demás es parte de su (infalible) método de promoción, casi como su eterno reparto, en el cual hasta un buen actor como Damián Alcázar termina por aburrir en su reiterada caricaturización del político mexicano (su versión de Don Perpetuo del Rosal), las cosas ya no son tan meritorias aun cuando sigan siendo eficaces.

Estrada se coloca en la vanguardia trasera del cine políticamente correcto. Su capacidad crítica es idéntica y sus conclusiones son un espejo de lo anterior. Epidérmico, facilote, con poco rigor, el director y productor prueba su fatiga de creación mediante el recurso de autofusilarse hasta lograr un astracán interminable.

Una película larguísima en la cual algunas cosas quedan mal acomodadas y en cuya truculencia se quieren meter tantos elementos de “condena” como para terminar en un papasal incómodo.

Casi como un resorte en el asiento de la butaca.

Analista*

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