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Chiquito pero picoso Imprimir esta nota
mayo 22, 2013 Rafael Cardona Siempre lo vieron como un chaparrito bueno para los negocios pero con escasa capacidad para la política. No tanto como su pariente aquel Pablo Emilio cuyo caso ya era para retirarle el ilustre apellido de los Madero. No, Gustavo no llegaba a eso esos límites pero tampoco se le advertían mayores luces. Pero llegó el Pacto y con él la lluvia sobre la mustia planta de tan marchita apariencia. Y como se quiera ver, desde cualquier punto de vista pero Madero ha logrado en un mes varios puntos en su favor como para sorprender al más escéptico. Veamos. Primero metió en un brete al Presidente Enrique Peña con su amago de suspensión dentro de las reuniones del Pacto, hasta no ver o tomar cartas en el asunto de la intervención electoral en los procesos veracruzanos. Su mayor victoria en ese asunto fue el reconocimiento de las “mapacherías”, la modificación del aparato del gobernador Javier Duarte y la modificación de todo el sistema para la designación de los delegados. De corbata se llevó al secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong. Después de eso le echó a perder la fiesta al secretario de Hacienda, Luis Videgaray, quien ya preparaba los manteles largos para dar a conocer su reforma financiera, la cual ofreció a la postre a la opinión pública, pero después de muchas vueltas para algo cuyo arranque se preparaba con platillos y tambores. Luego sentó con un derechazo (no podría ser de otro modo) al coordinador de los senadores panistas, Ernesto Cordero quien aun no se repone del zambombazo, diría el “Perro” Bermúdez o del chingadazo, diría Juan Manuel Márquez. Pa’su mecha pariente, comentarían en Veracruz, mientras Cordero sigue con la vista a las lámparas. Pero su triunfo mayor fue de mostrar la docilidad de los empleados crónicos de Felipe Calderón a quien le metió un estate quieto de aquellos. Hoy, por primera vez en muchos años, el dirigente del PAN es auténticamente un hombre del partido y no un hombre del Presidente, cosa a la cual se oponían fervorosamente mientras no tuvieron a nadie en Los Pinos. Hoy ya no tienen quien ejerza facultades meta constitucionales y regresan a sus métodos de antaño. Calderón sigue creyendo que al menos hacia adentro él sigue siendo un hombre fuerte y se rehúsa a reconocer su insignificancia. Usted no es nadie, ya no es usted, le cantaba Zitarrosa a Garrincha en aquella bella milonga dedicada al genial, futbolista perdido en la decadencia. Cuando le iban a dar toques a Reagan Imprimir esta nota
mayo 8, 2013 Rafael Cardona La prodigiosa preparación de la visita de Barack Obama a México, en la cual nada quedó fuera del objetivo: hacerle creer a todo el mundo la existencia de un nuevo México visible para todos menos para el espejo de los mexicanos, me hizo recordar otros tiempos, cuando la aspereza de la relación se daba de la embajada a los jardines de la Casa Blanca. La penúltima entrevista entre Ronald Reagan y Miguel de la Madrid (en La Paz B.C.) ocurrió después de varios desencuentros en la preparación, ya no digamos en la temática y el resultado. Los gringos querían Chihuahua para estimular y respaldar al PAN en su intento de llevar al gobierno a Luis Álvarez. El gobierno de México los quería sacar de allí y con el infalible pretexto de la seguridad, quiso ir a la playa, a Manzanillo, a Las Hadas, pero ellos no quisieron, porque en plena campaña contra las drogas, con el cadáver de Kiki Camarena y todo el rollazo de John Gavin, no se debía asociar a Reagan (actor) con Bo Derek (pachequísima en la cinta “10, la mujer perfecta”). Por fin la reunión se hizo en La Paz. La preparación fue horrenda, rasposa, ríspida. Pero a fin de cuentas todo salió. Yo participé en la organización de la conferencia de prensa. Los gringos se pasaron todo el día revisando las sillas y las cortinas, el cielo raso, los alrededores y los baños, los pasillos y los accesos y las salidas rigurosamente vigiladas, todo estaba correcto. Los micrófonos funcionaban y el sonido era impecable. Las banderas ya estaban de pie, muy planchadas. –¿Probaste los micrófonos?, me dijo Manuel Alonso, mi jefe en aquel tiempo. Pero algo pasó y el micrófono de Reagan fue movido al lugar de Miguel de la Madrid y el suyo cambiado al asiento de junto. Todo iba bien, pero cómo iba nadie a saber que cuando el presidente de México iniciara su intervención y se acercara el pedestal; la caprichosa electricidad iba a pegar un brinco y hacerlo saltar hasta el techo como si en una humorada alguien le hubiera dicho ¿toques, toques? –¡Carajo!, quién revisó los micrófonos, el del Presidente le dio toques, decía furioso el general Carlos Humberto Bermúdez, jefe del Estado Mayor Presidencial. –General, mejor indague quién los cambio, ése le tocaba a Reagan. El DF, sol y sombra judicial Imprimir esta nota
mayo 2, 2013 Rafael Cardona En días recientes en esta ciudad la Asamblea Legislativa ha dado, como la burrita, dos pasitos adelante y dos pasitos para atrás. Esa costumbre inmortalizada en la crítica periodística por Pancho Cárdenas como la política “aquimichú”. Si bien la supresión del arraigo en la capital es una medida impecable, no lo es tanto la “despresurización” carcelaria a través de la disminución de la penalidad del robo simple y sin violencia. En la Cámara federal se discutió igualmente el asunto del arraigo y nada más se logro, muy a la mexicana hacerlo más chico, lo cual no le reduce su condición fundamental de atropello a los derechos elementales. El arraigo es una especie de juego perverso en el cual el Estado tiene siempre las de ganar y el ciudadano, culpable o no, se somete a una especie de cacería en la cual primero se le enjaula y luego se le investiga. Todo lo contrario del nuevo espíritu del sistema judicial y sus reformas modernizadoras. La noticia fue dada a conocer así: “Los diputados en la Asamblea Legislativa eliminaron la figura del arraigo del Código de Procedimientos Penales del Distrito Federal. “Con 49 votos a favor, cero en contra y una abstención, el pleno de la Asamblea Legislativa aprobó dicha modificación. El presidente de la Comisión de Administración y Procuración de Justicia, Antonio Padierna explicó que ahora será aplicada la “detención con control judicial”, otorgado por un juez en un plazo de cinco días, con prórroga de cinco más”. Una detención de diez días bajo control de un juez, “siempre que justifique que existen datos que hagan posible el hecho ilícito y la probable responsabilidad, y que se trate de delito calificado como grave”, no es igual a un arraigo cuya duración se prolongaba una y otra vez (ahí esta el caso del general Tomás Ángeles) por dos o más cuarentenas con el reo en plena indefensión, pues hasta a la pobre Constitución fue a dar la figura desfigurada. Pero por la otra parte se ha cometido un exceso. EL ribo deja de ser un delito punible con pena corporal. Esto quiere decir, además, la posibilidad de soltar a la calle a decenas de rateros ya curtidos y graduados en las únicas universidades infalibles en esta ciudad: as criminales asentadas en todos los penales urbanos. La “presurización” de las cárceles, argumento final de la modificación penal; para hacerla menos rigurosa y más interpretativa y menos eficaz a fin de cuentas, consiste simple y llanamente en el hacinamiento cuya solución se puede dar por dos caminos. A saber. O se hacen más presiones o se tienen menos presos. Se ha optado dizque por ambas, pero hasta ahora sólo se ven avances en lo segundo. “Esta medida provocará la “despresurización” de las cárceles, al decretar la acción preventiva sólo para determinados delitos, otorgando algunas otras opciones para la terminación de los litigios”, se dijo en la H. Asamblea. Palabras prostituidas Imprimir esta nota
abril 24, 2013 Rafael Cardona Uno de los principales alegatos para comprender el efecto del sobrevaluado movimiento del 68 fue la queja sobre la prostitución de las palabras. Es decir, el gobierno hablaba en un idioma cuyo verdadero significado sólo él conocía y los promotores de los estudiantes forzaban la declinación autoritaria bajo el impulso mágico de una palabra, “diálogo”. Octavio Paz hablaba de un gobierno encarcelado tras sus propias palabras, incapaz de intercambiar nada con los demás. Hoy el asunto es igual en su esencia, pero con notables diferencias. La constante es el gobierno encarcelado tras los barrotes de las palabras sagradas. Hoy lo asustan las palabras. Ni los movimientos magisteriales ( si lo fueran), ni la ocupación absurda de los “ceceacheros” y quienes los acompañan, representan algo notable n i profundo. Son en todo caso reivindicaciones menores. Rechazan la evaluación por miedo de reprobarla y perder una plaza. Eso es todo. Y los vándalos de la Torre, simplemente hallan un escenario llamativo para no dejar morir de inanición a los grupos vandálicos del primero de diciembre y de tantos “tepitazos” y conmemoraciones del “2 de octubre”. Dialogar es establecer algo “a través de” la palabra. El diálogo es (o debería ser) un pacto de inteligencias, no un mecanismo de sometimiento como quieren quienes ahora usan y de nuevo prostituyen la palabra y la idea. Diálogo pidieron en Michoacán (y se los dieron con todas las concesiones de ello derivadas); diálogo piden los “maestros” de Guerrero para soltar una carretera, legislar desde el asalto y dejar a un lado las bombas Molotov, lo obtuvieron. Diálogo piden en Oaxaca y Michoacán y se saldrán con las suyas. “El grupo de inconformes que mantuvo este lunes tomada Rectoría anunció que accederán a entregar el inmueble sólo si las autoridades universitarias acceden al cumplimiento de los tres primeros puntos de su pliego petitorio. “En primer lugar, los inconformes demandan que no se tomen represalias en contra de su movimiento, así como la renuncia total de la acción penal que interpuso la UNAM hacia quienes mantienen tomadas las instalaciones. “La segunda condición está orientada a la solicitud de un diálogo público entre autoridades y estudiantes expulsados del CCH Naucalpan, la fecha lugar y hora del encuentro deberá ser fijada por una figura universitaria de manera pública. “El tercer punto exige la reinserción inmediata de los expulsados del Colegio de Ciencias y Humanidades Naucalpan además del cese de lo que llamaron, una campaña política de los medios de comunicación en contra del movimiento. “El grupo demandó también la desaparición del tribunal universitario, así como castigo a los responsables de los actos violentos registrados los días 1 y 5 de febrero en las instalaciones del CCH Naucalpan, en los que resultaron lesionados trabajadores y una alumna”. Ya viene siendo tiempo de establecer una mínima condición para dialogar: hablar entre iguales. Iguales en el respeto al derecho. Con eso sería suficiente. La puñalada Imprimir esta nota
abril 17, 2013 Rafael Cardona Una vez más, sin conocerse del todo los detalles de autores y motivos del atentado a la maratón bostoniana, en pleno día del Patriotismo americano, la fragilidad del imperio queda expuesta. Su clima de tranquilidad idílica, de “Apple pie” y fiesta de Halloween, “Thanks Giving” o cualquiera de ellas, no resiste la traicionera puñalada del terrorismo, provenga de donde sea y sean quienes sean sus autores o supuestos beneficiarios. -¿A quién benefician estos atentados? A nadie, diríamos de primer impulso. Pero los especialistas nos llevan a una pregunta: ¿todo acto horrible, todo atentado atemorizante, terrorífico es terrorismo o se requiere para alcanzar esta categoría de delincuencia organizada en torno a móviles de redención un componente político al parecer ahora inexistente o al menos no descubierto del todo? No lo sé. Pero los efectos son los mismos. Cuando en México un grupo de pandilleros asociados con las mafias casineras cuyo florecimiento fue incontenible durante la “Docena trágica”, le prendieron fuego a un salón de juegos en Monterrey, el entonces presidente Felipe Calderón se aprestó a llamarlos terroristas. Si el terror tiene como objetivo básico sembrar el miedo en la población para desestabilizar o golpear a un gobierno, en aquella ocasión el cargo era injustificado. Se trataba de simples cobradores de chantajes y mafiosos derechos de piso. En Estados Unidos las investigaciones se efectúan, han dicho las autoridades, como se haría en cualquier eventualidad terrorista; es decir, de modo implacable. Muy triste lo sucedido, pero más aun si se llegaran a descubrir autores cuyo impulso ha sido un mensaje extraterrestre o alguna zarandaja metafísica. Si el otro terrorismo se llegara a presentar, el de naturaleza policía, así provenga de cualquier extremismo, se le puede atacar de muchas formas, hasta militarmente. Pero si todo es coda de una enfermedad social capaz de producir la mayor cantidad de locos por kilómetro cuadrado en todo el mundo, entonces la cosa es peor. Contra la insania no hay remedios, ni siquiera dentro de los hospitales siquiátricos. A esa clase de orates se les puede encerrar, pero no se les puede curar ni con la lobotomía, como se pensó en algún tiempo. Por lo pronto el señor Obama sigue sin saber quiénes fueron los autores de tan siniestro ataque, pero mientras su país se repone de la puñalada, les promete a sus queridos conciudadanos seguir con las investigaciones hasta hallar a los culpables y dejar caer sobre sus cabezas todo el peso de la ley. Y si más se pudiera, más les caería. Palabras mutiladas Imprimir esta nota
marzo 13, 2013 Rafael Cardona Las quejas, quebrantos y penas de muchos periodistas como consecuencia de la violencia y la guerra de Calderón desplegada durante todo el sexenio pasado y a cuyos efectos esta administración aun no llega a poner remedio, no solo no han sido escuchados; se han agravado. Como prueba de ello ofrezco lo siguiente: Hace unos días la cadena regional coahuilense “Zócalo”, de plano bajó los brazos. Por prudencia, por necesidad, por conveniencia legítima y también como una forma sublime de la protesta, les anunció a sus lectores y a quienes no lo somos habitualmente, la mutilación voluntaria de su contenido informativo. En pocas palabras simplemente dijo, no se puede remar contra la corriente ni tentar al anónimo enemigo de la libertad y el verbo. Un paso de lado, una luz apagada, una palabra no dicha, una hoja en blanco. Todo eso. “En virtud de que no existen garantías ni seguridad para el ejercicio pleno del periodismo, el Consejo Editorial de los periódicos Zócalo –dijo en su editorial–, decidió, a partir de esta fecha, abstenerse de publicar toda información relacionada con el crimen organizado”. La temporal victoria del silencio en cuanto a este grupo periodístico se viene a sumar a la oleada violenta en contra de los laguneros de “El Siglo” de Torreón. “Cinco trabajadores del diario coahuilense El Siglo de Torreón fueron secuestrados desde las cuatro de la tarde de ayer, aseguraron fuentes oficiales a “Zócalo Saltillo” la madrugada de este viernes. Los delincuentes secuestraron a dos empleados encargados del sitio web, dos del área de publicidad y uno de cobranza. Cerca de las 3:00 horas fueron liberados y algunos de ellos fueron golpeados”. Hace algún tiempo los compañeros del “Diario de Juárez” escribieron otro editorial terrible: les entregaban a los violentos, a los criminales, a los delincuentes, el derecho de conducir el diario a cambio de parar la violencia. “…Hacemos de su conocimiento que somos comunicadores, no adivinos. Por tanto, como trabajadores de la información queremos que nos expliquen qué es lo que quieren de nosotros, qué es lo que pretenden que publiquemos o dejemos de publicar, para saber a qué atenernos”. Y así vemos cómo la estructura social se desmorona. Vamos de las “autodefensas” a la autocensura. Automáticamente a la barranca. Pero por si esta situación no fuera grave en sí misma, lo peor es la indefensión la ausencia de garantías, la inoperancia de los organismos púbicos supuestamente defensores o protectores de la libertad de expresión (puro cuento). No han funcionado ni las fiscalías especiales ni mucho menos las intervenciones oratorias de las comisiones de Derechos Humanos; la nacional o las locales. Recomendaciones, exhortaciones, “medidas cautelares” a toro pasado; fervorines para hacer boletines. Y nada más. Ante la realidad sólo quedan la indignación estéril o el silencio todavía más infecundo. Chávez en el hospital Imprimir esta nota
marzo 6, 2013 Rafael Cardona A Hugo Chávez lo conocí en un hospital. Bueno, mejor dicho, en una escuela de médicos. La Escuela Latinoamericana de Ciencias Médicas, en La Habana, una tarde de noviembre de 1999. Fidel Castro acababa de inaugurar la escuela, ubicada en una vieja base naval, y les había dicho a sus invitados –los presidentes y jefes de estado de la IX Cumbre Iberoamericana–, cómo se formarían ahí doctores cuyo talento les permitiría llevar al mundo “la ciencia y la conciencia”. Tras la cascada de los discursos y camino a los estacionamientos, el Comandante Chávez se quedó sólo por unos momentos. Los suficientes para el abordaje de bucanero de cualquier periodista con suerte. –Comandante, le dije, ¿cómo ha visto? –Bien, me respondió mientras colocaba una manaza sobre mi hombro sin dejar de andar. “Esta escuela es una gran cosa, la medicina cubana y la educación cubana son de enorme auxilio para todos los países de la región. Venezuela va a enviar muchos jóvenes, muchos. Los necesitamos en las zonas campesinas y urbanas. Lo interrumpí cuando sus palabras amenazaban convertirse en la materia de un mitin aun cuando nada más estuviéramos él y yo. –Pero yo le quería hablar de cosas más importantes, Comandante –¿Y qué cosa hay más importante que la cooperación solidaria entre los pueblos de América?, a ver, dime tu? –Pues el partido de beisbol de mañana entre usted y Fidel, ¿quién va a ganar? –Ah, bueno, dijo con una gran sonrisa, con esa arrolladora simpatía con la cual conquistó a sus electores, a su pueblo y a buena parte del mundo, pues obviamente a Fidel le voy a entrar a palos, pero nada más en el juego, ¿eh? Que conste eso, no me vayan a salir con bobadas, ¿me entiendes? Chávez caminó unos cuantos metros más y de pronto fue secuestrado por varios jóvenes deseosos de tomarse una fotografía con él. Llegaron otros periodistas y se hicieron otros corrillos. Yo me fui a mi transporte y me quedé con la alegre impresión de haber conocido, así fuera de modo fugaz y con el filo de una simple declaración útil para mi crónica, a un personaje importante en la historia de América Latina. De eso hace ya casi 15 años y algunos protagonistas de aquella tarde son cascajo en el parque de materiales de la historia. El Rey de España, por ejemplo, es un vejete ridículo extraviado en las trácalas familiares, las pelanduscas tardías y los safaris fallidos, con un pié en el Valle de los Caídos y otro en el museo de cera. Fidel Castro sobrevive en una vejez nebulosa. Raúl Castro quien no figuraba en ese tiempo como Presidente, ya sueña con un retiro de octogenario segundón. Y Hugo Chávez está muerto. Muerto para siempre, como pronto lo estará su Revolución Bolivariana. El derrumbe Imprimir esta nota
febrero 27, 2013 Rafael Cardona A veces uno quisiera comprender cómo los políticos no comprenden. ¿Cómo quienes han sabido entender las ambiciones de los demás y han ido colocando a su paso los peldaños de su ascenso con cautela, rigor, trabajo, sensatez, medida, pueden un día olvidarlo todo y comportarse como adolescentes desenfrenados. ¿Será la hybris?, esa extraña perturbación por la cual se pierden piso, proporciones, medidas, pesos y límites. ¿Será la vanidad? ¿Será la soberbia? pueden ser todas esas cosas, pero ayer vimos algo tan espectacular como la caída del asteroide de hace unas semanas en los Montes Urales, pero con una diferencia: no se trata en este caso de un cuerpo celestial sino de una mujer cuya carrera política pudo haberse culminado si la ceguera vanidosa no la hubiera afectado de sobremanera. El pecado de Elba Esther Gordillo no es, a mi juicio, la disposición de los fondos del sindicato. Su culpa ha sido desafiar al poder, intentar golpear en Enrique Peña Nieto en uno de sus más importantes proyectos y lo más paradójico en una profesora: no saber leer. Ignorar las claves del momento, suponerse poderosa por encima de poder; comparar a todos con los enanos de su sindicato, imaginarse un mundo hecho a la medida de Felipe Calderón. Pero la sagaz maestra no respetó las luces de advertencia en el cruce del ferrocarril. Atravesó su camioneta al paso del convoy presidencial y el crujido de huesos todavía se escucha entre las láminas rotas. Los líderes sindicales, como La Quina, como Chava Barragán, como Martín Esparza, como Rafael Galván ( este por razones ideológicas), como tantos otros, no son ruedas de repuesto en el carro del poder. –¿No lo sabía Elba? Obviamente lo sabía, pero la confianza excesiva es el peor enemigo del hombre. El exceso confiado es hijo de la soberbia y hermano de la vanidad. A mi no me pasa nada. Pues con una novedad, señora. Ya le pasó. ¿Era tan difícil entender la insistente, insaciable voracidad de los medios en su contra; las películas, los “panzazos”, los mexicanos primero? ¿De veras no vio venir el convoy endemoniado? Imposible creer tanta ceguera. Pero como siempre sucede, en el campo del hubiera estaba la salida digna, airosa, la renuncia, la oferta de consultoría, el paso de lado. La simulación, el tiempo de la paciencia, la espera, el maximato sindical y la colaboración a medias o completa o como hubiera convenido. Pero la vanidad es mala consejera. No se ganan las batallas políticas dictando en público, tres semanas antes, el cursi epitafio de la guerrera. Ayer Enrique Peña tomó posesión por segunda vez de la presidencia de la República. Un producto del sistema Imprimir esta nota
febrero 20, 2013 Rafael Cardona Durante muchos años el “juniorismo” fue una calamidad social. Desde hace poco tiempo es una calamidad política. El difunto Mario Moya Palencia algo supo de esto. Entre otras cosas, le costó la presidencia. Pero ahora los niños “bien” se han convertido en la muestra palpable no sólo de la impunidad del dinero sino del fuero mal comprendido. Gracias al perverso sistema de representación proporcional, mediante el cual las representaciones de minorías quedan de todos modos en los sobrantes (y excrecencias) de las mayorías, los niños problema de cada casa ya no van a las correccionales, ahora los mandan de plurinominales al Senado o a San Lázaro. Ese es el caso del “Niño Verde” cuya condición esmeralda le va a durar toda la vida. Y con esos signos tan evidentes de madurez, más. No se trata de hacer leña del árbol caído pues este no ha caído ni caerá. Su episodio del alcoholímetro no deja de ser una minucia en el mar de los atropellos de este caballero cuya edad fue objeto de una modificación constitucional para lograr la trácala completa y llevarlo al Senado como el más joven de ese órgano donde antes se juntaban los ancianos. El conjunto de truhanes y coyotes del Partido Verde se nutre de los herederos de otros políticos. Son hijos de sus padres, nietos de sus abuelos; impunes desde la cuna, privilegiados de la buena educación (al menos escolar, si no de aprovechamiento académico), bien relacionados y mejor protegidos y a través de ellos las distintas castas tienen garantizada su prolongación, su tiempo y su dominio, ya sea en esta ciudad o en Chiapas o donde quieran. El caso del “Niño Verde”, cuyo nombre cada vez importa menos es por escandaloso el más ilustrativo. Siempre metido en líos, mendaz y truculento, capaz de simular un campamento fuera de la secretaría de Salud, pero con puerta trasera; coyote sorprendido en plena negociación de favores peninsulares; sospechoso en accidentes fatales en Cancún, y siempre avante gracias a los escudos de la familia y el partido, lo cual viene siendo lo mismo. Muy difícil creer en las posibilidades reformistas del PRI en su regreso mientras siga con esos invitados en la misma casa. Hay personas impresentables cuya compañía no acarrea prestigio. Y esta es una de ellas, aunque a fin de cuentas nada de esto sea su responsabilidad. Es un hijo del sistema. De lo peor del sistema, pero del sistema al fin. Renuncias y denuncias Imprimir esta nota
febrero 13, 2013 Rafael Cardona Quizá no haya sido el único factor pero entre todos ellos, los conocidos y los ocultos, el espionaje sufrido por el Papa Benito XVI desde la mayordomía de sus habitaciones pontificias por el traidor Paolo Gabriele, ha sido evidentemente uno de los factores en el deterioro del Papado, casi en paralelo con los quebrantos físicos del Pontífice y eso nos lleva a pensar en la fugacidad y los peligros de la confianza. Pero también al temple y la nacionalidad del Pontífice. O mejor dicho, a la aplicación de los valores culturales de su patria alemana. Su noción del honor, su vocación por la rectitud, la eterna lucha Kantiana entre el ser y el deber ser. Y en ese sentido, en la vigencia de un mundo axiológico, cuyo choque con el mundo teológico debe haber sido tremendo, Ratzinger me recuerda a otro hombre víctima de la traición: Willy Brandt. Esta es parte de la historia de Günther Guillaume, secretario de Brandt, ayudante, confidente, asesor y amigo fingido. “En la oficina de la Cancillería (G.G.) tuvo acceso a los secretos de Estado, a las informaciones militares de la OTAN y a las conversaciones en el círculo más íntimo del jefe del gobierno. El año de 1972, Willy Brandt se perfilaba como uno de los políticos más importantes de Europa, había ganado las elecciones con un cuarenta y cinco por ciento de los votos, su política de apertura con la Unión Soviética (Ostpolitik) significaba un gran paso hacia el futuro de, en ese tiempo, la Comunidad Económica Europea. “Por esos años, Guillaume se había vuelto también un confidente, viajaba con Brandt a Noruega, su segunda patria, donde tenía una casa, conocía los asuntos más íntimos de su vida y mantenía informado al detalle a Markus Wolf y a la Stasi. “El 1 de mayo de 1974, Hans Dietrich Genscher, ministro del Interior, envió a Willy Brandt el expediente de Horst Herold, director de Inteligencia y Contraespionaje de Alemania Federal: en ese expediente se presentaban copias fotografiadas de los informes confidenciales que Günther Guillaume enviaba a la Stasi sobre la vida privada de Willy Brandt, su consumo excesivo de alcohol, sus relaciones íntimas con varias mujeres y sus estados depresivos”. Brandt, colmado de honores, con un Premio Nobel en la gaveta y el respeto del mundo, renunció para extraviarse en la indefinible importancia de la Internacional Socialista. Un hombre incapaz de manejar su entorno cercano sin darse cuenta de la cercanía de un traidor (aun cuando al final, advertido por sus propios servicios de seguridad, haya propiciado la captura del infiltrado), no podía conducir el pesado carro alemán. De esa misma forma un hombre víctima del engaño podría alguna tarde distraída, extraviar las llaves del reino de los cielos.
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