De la tragedia al Reality ShowRaúl Torres Barrón* La tragedia de Salvador Cabañas ha sido convertida en un reality show muy rentable para muchos, especialmente para algunos medios electrónicos que han explotado el atroz ataque al popular futbolista paraguayo -junto con los errores y negligencia de las autoridades- para mantener un alto rating en sus audiencias mediante el suspenso y la entrega en serie de la información y videos sobre la investigación del estremecedor atentado. La magnitud del caso y la celebridad del agredido ameritaban una acción rápida de las autoridades judiciales y de las partes interesadas, en este caso el gobierno capitalino, el club en el que participaba, el consorcio propietario e inclusive los dueños del centro nocturno donde ocurrió la agresión, para demostrar su interés en aclarar lo sucedido y castigar a los responsables. Lo que ocurrió, sin embargo, fue lo contrario. La autoridad se acomodó en tiempo y forma a los intereses de las partes afectadas por el suceso, al grado, primero, de que tuvo que esperar cinco horas sentado en la banqueta para que le abrieran la puerta del antro, y todavía por la noche no tenía sino solo los apodos de los responsables del atentado, no obstante que estos eran habitúes -clientes habituales, pues- que llegaban siempre escoltados al centro nocturno y por ende eran bien conocidos por todos, gerentes, capitanes, meseros y clientela. A partir de entonces la información y los videos han sido entregados por capítulos, con tintes de suspenso, lo que ha fomentado la cultura de la sospecha y ha facilitado el surgimiento de innumerables versiones sobre lo que realmente ocurrió en los baños del Bar Bar. A la versión original de que se trató de una disputa por unas cubanas, siguió luego otra sobre una discusión por la falta de goles del delantero azulcrema, apoyada ésta por el empleado limpiador de baños y de las huellas del delito. Ahora se suman rumores sobre fuertes deudas con el narco, ya que al misterioso “JJ” se le liga con la delincuencia organizada, y otros, inclusive, han llegado a sugerir conflictos de tipo sexual, apoyados en videos que suben a internet con imágenes comprometedoras. Por su fuera poco, la revista Proceso, en su edición de este domingo documenta la estrecha relación de negocios del propietario de Televisa con el dueño del Bar Bar, Simón Charaf Medina, cuyo centro nocturno, por cierto, sirvió como escenario del reality show El Bar Provoca. Los negocios de la noche, es decir, los antros o centros nocturnos donde no solo hay venta generalizada de alcohol y drogas, sino prostitución en todos los niveles -masculina, femenina e infantil, espectáculos y juegos sexuales- solo funcionan con la tolerancia y/o complicidad de las autoridades, que ahora algunos pretenden exculpar porque lo ocurrido en el Bar Bar, dicen, “podría haber pasado en cualquier lugar, a cualquier hora”. Este domingo, sin embargo, un grupo de jóvenes que escuchaban música, comían y departían en casa porque sus padres, en afán por protegerlos, no los dejaron salir a los antros, fueron atrozmente masacrados en Ciudad Juárez por un comando de encapuchados que después de cometer la ejecución “se fueron despacito, en fila, sin que nadie les dijera nada”, dijo un testigo. Igual que en el Bar Bar, donde hasta les abrieron la puerta para facilitarles la huída. Y eso que vamos ganando la “guerra” al crimen. Hasta hoy, y quien sabe por cuánto tiempo, han sido más fuertes la corrupción, la complicidad, el encubrimiento y la ineptitud de las autoridades que el clamor de la ciudadanía de contar con seguridad en los espacios públicos y los de entretenimiento. *Analista Comentarios |

