Campañas fallidasEmilio Cárdenas Escobosa* Terminadas las campañas políticas, los ciudadanos entramos en el periodo de reflexión para prepararnos a emitir mañana nuestro voto. Difícilmente quien tiene la determinación de acudir a las urnas variará su decisión que ya está de alguna manera registrada en las múltiples encuestas que se levantaron. Por lo tanto los resultados son previsibles: el PRI será el ganador con una votación de alrededor de un 35 por ciento que difícilmente le alcanzará para lograr mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, le seguirá el PAN con un 30 por ciento aproximadamente y el PRD apenas logrará un 14 por ciento de los votos. El resto de partidos conservará el registro, con excepción quizá del Partido Socialdemócrata, con porcentajes que irán del 2 al 6 por ciento de los sufragios totales. Estos porcentajes de votación esperados son prácticamente los mismos que había en las encuestas levantadas en los meses de enero y febrero de este año. Nada se movió a pesar de las campañas, de los cientos de miles de anuncios, de los ríos de tinta que han corrido, de regalos, ofertas, promesas y todos los recursos estatales y federales, legales o no, que se han movilizado. El ciudadano tiene calificados ya a los partidos y actuará en consecuencia. Lo novedoso en todo caso será ver hasta dónde avanzó entre la sociedad el llamado a anular el voto o votar en blanco para mostrar el rechazo a la partidocracia y a la falta de resultados tangibles en lo material y en la convivencia cotidiana, expresados fundamentalmente en materia de seguridad, de nuestro declinante proceso de transición democrática. Si atendemos a lo que nos dicen también las encuestas la porción de abstencionistas se incrementará, como viene ocurriendo en casi en cada elección, y se ubicará entre un 5 y un 15 por ciento. Cifra importante, si así se registra, y que dará lugar a múltiples lecturas pero que indudablemente representa una llamada de atención a la clase política toda que no debe dejarse en el vacío. Pero lo más relevante de todo este recuento es constatar la inefectividad de las campañas políticas y el nulo resultado de la estrategia del gobierno panista para vincular la lucha contra el narcotráfico con la aceptación del presidente Calderón y los candidatos blanquiazules. De poco han servido los aparatosos operativos militares y policiacos, las detenciones aquí y allá y el discurso que quiere presentar a Felipe Calderón como el viril mandatario decidido a combatir a cualquier precio al crimen organizado. Al ciudadano le asusta el rumbo que ha tomado esta cruzada, pues los resultados que arroja no permiten ver triunfos gubernamentales en una sangría que contabiliza solo en el primer semestre del 2009 3 mil 247 muertes violentas (18 al día en promedio) y que en lo que va del sexenio suma ya 11 mil 728 (al menos 12 asesinatos diarios). Lejos de erradicar al crimen éste se ha multiplicado y muestra cada día nuevos extremos de violencia. Por eso falló la estrategia panista y no logró sacar de las preocupaciones colectivas el otro grave problema que es el económico. En torno a la debacle económica que vive México y que debió haber sido el gran tema de las campañas políticas, los otros partidos, el PRI sobre todo, no supieron capitalizarlo debidamente. Sus temas de campaña se diluyeron ante el carácter reactivo que mostró ante las provocaciones de los panistas, destacadamente el dirigente Germán Martínez, que hizo muchas veces caer en su juego a los priístas. Perdieron semanas valiosísimas en desmarcarse de las acusaciones sobre la identificación tricolor con el crimen organizado. No obstante, estas escaramuzas, ataques y contraataques no movieron el ánimo del elector que veía divertido las pugnas verbales de los notables del tricolor y el PAN sin que incidieran mayormente en su percepción sobre cada uno de ellos. Ya los conoce y los juzga según sus simpatías y antipatías previas. Nada para nadie. El PRD se quedó atrapado en sus eternas luchas fratricidas, sin rumbo y a la deriva con un discurso que ponía el énfasis en lo económico pero sin efectividad alguna. Lo único memorable: la simpática cocinerita que anunciaba a sus candidatos y el chusco episodio de “Juanito” y López Obrador llamando a votar por el PT, a propósito del caso de Iztapalapa. De las campañas de los otros partidos nada digno de recordarse, salvo el humor involuntario del PVEM que se pronuncia por la vida y pide la pena de muerte. Solo en México. Campañas fallidas dignas de una transición democrática fallida. Era lo previsible. P.D. Muy extraño que la ola de violencia criminal se haya disparado en los días previos a la elección. Cuando se supondría que las “agendas” de la esfera electoral y del crimen organizado llevan ritmos distintos (unos a buscar votos y otros a ajustarse cuentas) ahora se han empalmado. Parece que se quiere que la violencia influya en la elección, que infunda temor para alejar al votante o que justifique operativos castrenses o policiacos para inmovilizar los “operativos” electorales del adversario. Los hilos se mueven… *Colaborador de www.cronicadelpoder.com Comentarios |

